Archivos

Vivir en el caminar

Beautiful Countryside

Por Miguel Esponda, LC

Se camina no solo para llegar sino también para vivir en el caminar”. (Goethe)

La experiencia del caminar. Una jornada entera tras otra. Los labios resecos por el sol que me pega de frente, los pies –con más de algún cayo- ya habituados al dolor, el peso de la mochila sobre los hombros. Vengo acompañado de varios amigos, y durante el camino he conocido a gente estupenda, de todo tipo; pero al cabo de un par de días, cuando ya nadie tiene nada de qué hablar, lo más natural ha sido que cada quien se separara a caminar por su parte, cada quien solo por un tiempo. Solo. Sin el smartphone, i-pod, internet, televisión o cualquier otra cosa que ha inventado el mundo para ahuyentar el silencio. Solo con mis pensamientos, con mis reflexiones que se atreven ahora a bajar en profundidad, quizás como nunca antes. Así de expuesto, me encuentro conmigo mismo, ya sin las barreras o parapetos donde se refugiaba mi “yo” más verdadero. Salen a flote las preguntas existenciales, las cuestiones de fondo, que siempre es más cómodo aplazar o, simplemente, no afrontar.

Camino sumido en mis pensamientos. Con la mirada gacha, pateando inconsciente, a cada paso, el bastón que llevo conmigo. Camino. Veo mis pasos. Uno tras otro. Y pienso que mi vida no tiene mejor parangón que la del caminar. Todo hombre está en camino. Siempre en búsqueda de la verdad. Cada quien con su motivación, “bajo la dirección que le ponga a sus pasos”. Pienso en mi vida, tan monótona, llena de quehaceres inmediatos, en la que pienso tener todo lo que necesito. Pienso si es así como deseo transcurrir lo que me resta de vida…

¿Por qué no estoy satisfecho, realizado? ¿Por qué ahora que –alejado de mi comodidad- experimento la fatiga, la sed, el silencio, empiezo a ver mi vida de otra manera? ¿Por qué siento esta maldita inquietud que no deja en paz mi tranquilidad y bienestar? ¿Por qué la vida no puede ser solo ésto? ¿Por qué me siento empujado a algo más? ¿Por que tengo que sentirme medio vacío y no poder sentarme en paz con la vida resuelta y ya? ¿Qué es esta vida, a fin de cuentas? Yo busco algo más. Yo estoy hecho para algo más. Me lo indica mi corazón. Lo sé. No quiero quedarme afincado en la seguridad de una vida sin problemas. No. No puedo seguir así, ignorando la sed de sentido que me embarga en lo más hondo. 

Quiero ponerme en camino. Salir, arriesgarme, ir al encuentro de esa verdad que colme de sentido mi existencia… pero ¿dónde encontrar esa luz?

A este punto, mi mirada, que seguía perdida hacia abajo, comenzó a levantarse y se fijó en el horizonte que se extendía ante mis ojos. Fue entonces que descubrí la belleza de aquel atardecer. Allí en frente de mí, como el más fastuoso espectáculo que tenía lugar sobre la tierra teniéndome a mí como privilegiado espectador. Era uno como tantos otros que había visto en los últimos días, pero esta vez me había cautivado en medio de mis más punzantes pensamientos. Caí en la cuenta de lo poco consciente que era de la belleza que acompañaba constantemente mis pasos.

Quedé prendado de aquel atardecer. No podía dejar de admirarlo. Mientras más lo miraba más deseaba seguir contemplándolo, al mismo tiempo que una extraña sensación de paz me invadía. Me admiraba la sinfonía de los colores, intensos y emotivos; la formidable sincronización que lograba con las nubes y los montes, que encubrían y resaltaban a la vez su sublime resplandor.

Detuve mis pasos. Respiré hondo y, sin que lo notara, una sonrisa iluminó mi rostro. Ya no me importaba mi cansancio, ni mis pies adoloridos. Me vino de improviso la última pregunta que se me había clavado en el corazón: pero, ¿dónde encontrar esa luz? Esa puesta de sol parecía indicarme la respuesta. No sé cómo ni por qué pero allí yo veía verdad. Fue entonces que me rendí. Dejé caer las armas con las que durante años intenté defenderme de aquello que Kant llamaba el ser más difícil de conocer, y también el más inevitable. Acepté. Y con lágrimas en los ojos, me di cuenta que por primera vez, creía en Dios. Hacia ese horizonte de esperanza quería dirigir mis pasos, para que mi caminar se llenara de esa luz y belleza auténticas. Comprendí entonces que la única vida digna de vivirse era la de caminar hacia esa meta.

Reemprendí mi marcha. Ahora, con la mirada en alto.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario