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Vivir de verdad: ¿qué significa ser auténtico?

La autenticidad no es una corbata que te puedas poner cada mañana. No viene en las cajas de cereales. No la reparten por fascículos. No se encuentra en las recetas, ni en los libros de autoayuda. Y, sin embargo, todos queremos ser auténticos.

 “Sé tú mismo”, “Sé auténtico”: estos eslóganes recurrentes demuestran que la autenticidad es un valor todavía a la alza en la Bolsa de valores occidental. Pero, ¿qué quiere decir realmente? ¿Es algo más que una frase bonita?

“Ser auténtico” podría querer decir, en un primer momento, mostrarte tal como eres: no querer aparentar, pretender ser lo que en realidad no eres.  Este engaño es posible porque, como decía el zorro del Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”. Sólo tú sabes quién eres. Sólo tú sabes lo que hay en el interior de tu alma, y sólo tú dejas pasar dentro a los demás, o les cierras la puerta: les muestras lo que hay, o bien multiplicas las máscaras.

Máscaras. ¿Por qué nos las ponemos? Porque tenemos miedo. Miedo de no gustar. Miedo de no ser lo suficientemente buenos. Miedo de no ser amados. Miedo hasta de nosotros mismos, de mirarnos en el espejo un día y que no me guste lo que en él descubra.

Podemos por tanto, ser falsos, por no aceptarnos como somos, si no nos queremos como somos. Podemos caer en vivir una vida ficticia, de apariencias, siempre esclavos de la mirada ajena, suplicando un “like” del otro que dé 24 horas más de sentido y de autoestima a nuestra vida.

Un primer significado de ser auténtico, por tanto, será mostrarte tal como eres.

Pero, si rascamos un poco, nos damos cuenta de que esta respuesta no basta. Nos abre más preguntas de las que responde. ¿La autenticidad es sólo transparentar algo que ya está ahí? ¿Quién soy yo realmente? ¿Estoy seguro de saberlo? El verdadero yo… ¿es el que se quedaría en la cama hasta las once todos los días, y no le daría jamás un palo al agua? ¿Es el que le soltaría una bordería y le cantaría cuatro verdades crudas al primero que me moleste? ¿Es el que sería infiel a mi mujer con la primera jovencita que se me cruzara por el camino? Todas esas posibilidades están en mí. Quizás algunas de ellas son mi presente. Pero esa inquietud que invade mi corazón me dice que soy más que eso. “Mira en tu interior, Simba: eres más de lo que eres ahora” le decía Mufasa a su hijo. Desde el momento que percibes esa verdad, estás ya más allá de ti mismo, de tu situación actual. El hombre es un ser que se construye, no una estatua inmóvil, y, por lo tanto, la autenticidad no puede ser sólo una transparencia de lo que hay. El “conócete a ti mismo” del oráculo de Delfos tiene que ser completado con el “Llega a ser el que eres” de Píndaro: la autenticidad es un camino. Un camino que podemos no recorrer, desoyendo la llamada a llegar a ser de verdad nosotros mismos. Quizás a eso se refería William Wallace en Braveheart, con aquello de “every man dies, but not every man really lives”.

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La autenticidad es un camino. Pero, ¿hacia dónde tirar? El hombre es un ser contradictorio. Su corazón es un campo de batalla, y su vida, un manojo de posibilidades. Naces con unas cuantas cartas, que no eliges: te vienen dadas. País, familia, educación, cualidades y defectos, talentos y carencias. Y con esa baza, inicias la partida de tu vida, tratando de ganar en la siguiente mano el botín de tu felicidad. Para obtenerlo, puedes seguir tácticas muy diferentes. Con unas mismas cartas, puedes llegar a ser Bin Laden, Steve Jobs o el Papa Francisco. Depende de ti. Así lo explicaba un viejo indio a su nieto, cuando le explicaba que hay dos lobos combatiendo en su corazón, y ganará el que tú alimentes.

Pero esto nos devuelve la misma pregunta: ¿cuál debo alimentar? ¿Todas las opciones son buenas, o hay un “verdadero” yo? ¿La Verdad nos hará libres, o la Libertad nos hará verdaderos? Debemos descartar la segunda posibilidad. Si cualquier opción vale, si todo vale, no existe nada bueno ni malo: incluso ser “inauténtico”, ser falso será una opción tan “buena” como cualquier otra. Nada importa en realidad. En cambio, lo que le da carácter heroico a tu vida es que existe un bien objetivo delante de ti, y que no es necesario seguirlo. Depende de ti.

Pero…si hay un “verdadero yo”, ¿dónde encontrarlo? A veces parece que ni siquiera tú sabes realmente quién eres, o quién debes ser. Parecería que “el futuro es un mar que surcamos sin luces ni cartas”.

Sin embargo, sí hay una luz. Por lo menos, eso creemos algunos. Vino uno, hace muchos años, que nos dijo “Yo soy la Luz”. Uno que nos dijo “Yo soy el Camino”. Uno que te conoce mejor de lo que te conoces tú mismo, uno que está más dentro de ti que tu propio yo. Para el cristiano, Jesucristo es siempre la pieza central del rompecabezas. El misterio de su identidad no lo encontrará en el diván de Freud, sino en la mirada del Dios hecho carne. Sólo Él “revela el hombre al hombre”. Sólo Él es la respuesta a esa pregunta gigante que es el hombre. En Él “consisten todas las cosas”. Y la santidad no es la postura afectada de beatas y meapilas, sino tu autorrealización en Cristo.

¿Otra persona puede ser la clave de mi autenticidad, aunque sea Dios? ¿No perderé así mi personalidad? No: Dios no fabrica robots en cadena.  Él nos dice, como a Moisés: “Te conozco por tu nombre”, y “tengo tu nombre tatuado sobre mi mano”. Tu nombre. Nombre que refleja lo que eres, pero también lo que serás, lo que estás llamado a ser, lo que todavía no ha sido manifestado. Por eso dice Jesucristo, en el Apocalipsis:

Yo daré al vencedor una piedra blanca, y en la piedra, escrito, un nombre nuevo, que no conoce sino el que lo recibe

Sólo en Cristo encontrarás la clave de tu personalidad, sólo Él te puede decir quién eres. Sólo en esa piedra blanca encontrarás el secreto de tu vocación, que no es un asunto sólo de sotanas o de elegir carrera, sino de descubrir y llegar a ser quién eres, al 100%. Hasta que, como dice la canción de U2,  “the Kingdom come, when all the colours bleed into one”; cuando todas las cosas tengan a Cristo por cabeza y Dios lo sea todo en todos. No para disolvernos en un Nirvana impersonal, sino para que cada uno, refleje un brillo de la Luz y Belleza infinita que es Dios: ese brillo que sólo tú puede reflejar.

#AntropologíaExistencial

Felizmente consagrado a Dios como religioso legionario de Cristo. INFJ, Libra, 0 negativo ;-) 2% práctico. Entre mis aficiones: amar a Dios, servir a los hombres, conquistar el mundo para Cristo.

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