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Vivir de fe (I)

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“El justo vive de la fe”. Hay conversaciones que no se te olvidan. Era una tarde de primavera, yo estaba estudiando filosofía en Nueva York. Mis papás habían venido a visitarme. Los llevé a un parque al que había ido con la comunidad y estaba seguro de que les gustaría, porque aman la naturaleza.  Subimos la montaña. No logramos llegar a la cima, pero sí logramos tener una vista del río Hudson y de sus alrededores. Bajamos, hicimos una parrilla al lado de un laguito, y después de comer, nos quedamos hablando recostados en el pasto. (la foto está tomada desde la montaña que subimos, Bear Mountain en NY state).

Bear Mountain State Park NYHabíamos hablado sobre la Fe, y mi mamá me había preguntado qué es para mí la vida cristiana. Yo me quedé pensando antes de responder, porque es una de esas preguntas que te interpelan, y después de unos segundos le dije: “vivir de fe”. Ella, reflexiona por unos segundos y me pregunta: – “¿Y qué quiere decir eso?”. Me sentí como San Agustín, cuando se preguntaba qué es el tiempo; se decía a sí mismo: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”[1] No me acuerdo qué le respondí, pero me acuerdo que me quedé insatisfecho con mi respuesta. Sentí que en verdad no había sabido responder. Así, esta pregunta se ha quedado conmigo, y ha sido ocasión para preguntarle a Dios, orar y buscar respuestas en la Sagrada Escritura.

Vivir de fe

“Vivir de Fe” ¿Qué quiere decir eso en lo concreto? Pido a Dios que me permita, ahora sí, dar una respuesta adecuada. Vivir de Fe es creer en el amor que Dios tiene por mí, confiar en Él y entender toda la vida como una respuesta de amor a Él.

En un mundo en el que todo parece posible, hemos perdido el sentido de lo que significa la palabra: “salvación”. Puedes comunicarte por Wattsapp con personas en el otro lado del mundo. Puedes hacer las compras desde el celular. Puedes encontrar la respuesta a millones de preguntas en segundos, y la Iglesia anuncia la Salvación. ¿Salvación de qué? – se podría preguntar alguno, y sin embargo el número de personas con enfermedades psicológicas, con problemas crónicos de estrés, depresión, burn-out y sensación de vacío interior aumenta drásticamente día a día. Entonces buscamos esa sensación de plenitud en el trabajo, o en el éxito, o en los negocios, y mientras más nos esforzamos más nos damos cuenta de que lo que buscamos, no podemos conseguirlo por nuestra cuenta, porque así como no te creastes, así mismo no te puedes dar el sentido de la vida. El sentido sólo te lo puede dar alguien que está fuera de ti. Por más tecnología que tengamos, permanece un hecho que no podemos negar: necesitamos un sentido, necesitamos salvación.
Pero todavía no quedan claras algunas cosas: ¿porqué a veces tenemos la sensación de “montaña rusa” – a veces estamos arriba, y nos sentimos en la cima del mundo; a veces estamos abajo y parece que nada tiene solución? ¿Porqué incluso los que creemos en Dios, pasamos momentos de duda y de confusión? ¿Porqué nos preocupamos tanto de cosas que no nos deberían de preocupar? ¿Porqué existe el mal en mi corazón?¿Porqué la vida en la tierra es una lucha?
Al inicio, el hombre pecó, y ese primer pecado fue un pecado de desconfianza. El hombre creyó a las mentiras del demonio que introdujo en su corazón la duda sobre la bondad de Dios. Y así el hombre, al que Dios había dado toda la creación por amor, desconfió de su Creador y creyó las palabras del demonio: “Seréis como dioses.”[2] Al pecar, el hombre dejó entrar la desconfianza en corazón, rompió la relación de confianza, amor y gratitud con quien les había dado todo, y así, desestabilizó el orden que existía en el universo, pero Dios en ese mismo momento, prometió enviar un Salvador.[3]. Desde ese momento cada uno de nosotros vivimos el drama de una batalla en nuestro corazón: ¿creer que puedo arreglar todo por mi cuenta o fundar mi vida en la promesa de Dios, la promesa de salvarnos enviándonos un Salvador?
Vivir de fe significa, entonces, rechazar con energía al demonio y sus mentiras; rechazar decididamente la tentación de la que él mismo fue víctima: la tentación de no servir, de creer que no necesito de nadie, de creer de ser yo el último criterio del mal y el bien. Es rechazar esta tentación y responder a ella con un acto decidido de confianza en Dios. Vivir de Fe es creer que las dificultades y pruebas en la vida tienen un sentido. Si el pecado introdujo el mal en el mundo, y la esencia del pecado es la desconfianza en el amor de Dios, vivir de fe es confiar en el amor de Dios por encima de todo el sufrimiento y mal que encuentro en el mundo. Vivir de fe quiere decir que lo que me mueve profundamente, lo que me alimenta, no son las noticias nuevas que escucho cada día; no es tampoco la imagen de mí mismo que puedo dar a los demás; no es ni siquiera, las muchas cosas que puedo saber sobre el mundo y de la vida. Vivir de fe quiere decir que lo que me mueve, lo que me motiva profundamente en todas las desiciones de mi vida es una certeza, una experiencia profunda: es la experiencia del amor de Dios por mi y por todos los hombres.

El justo vive de la fe

Pero ¿Quiere decir esto que hay que quedarse esperando que las cosas sucedan, porque “vivimos de fe”? Podría parecer que el que vive de la fe es, en realidad, un tonto, uno que no se da cuenta de cómo es el mundo en el que vive. Confiar en Dios, ¿quiere decir que de mi parte no tengo que hacer nada? El que así pensase estaría muy equivocado. “El justo vive de la fe” dice la Sagrada Escritura (Habacuc 2, 4; hebreos, 10,89). “Ser justo”, entonces, es la respuesta a nuestra pregunta: ¿qué significa, en lo concreto, vivir de fe?

En la Biblia, “el justo” se usa para referirse a Dios. Otras veces, se usa para referirse a hombres justos, en contraposición al “impío”. El salmo 37 (38) es precisamente una guía para los que quieren ser justos. “No te enojes con los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.” Pone de manifiesto, desde el inicio, que la vida del justo no es fácil: “Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, para arruinar al pobre y al menesteroso; para degollar a los de recto proceder.” Pero en medio de todas sus dificultades, el justo puede permanecer en paz, porque ha puesto su confianza en el Señor. “Espera en el SEÑOR, y haz bien; vive en la tierra, y mantén la verdad. Pon asimismo tu delicia en el SEÑOR, y él te dará las peticiones de tu corazón”. Confiar en Dios, vivir de fe, es todo lo contrario a la inactividad del flojo, del cobarde, o del que no se vuelve a Dios con todo su corazón. Vivir de fe, ser justo, significa hacer el bien y mantener la verdad. Significa que tanto en mis obras como en lo íntimo de mi conciencia busco las vías del Señor.

(Este artículo continúa en este link)  http://lcblog.catholic.net/el-hombre-justo/

 

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