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Vivir de Amor

«¡Despierten al mundo!» fue la exhortación del Papa Francisco al inicio del Año de la Vida Consagrada, que –aunque pocos lo crean – se encuentra ahora en su punto máximo: 7 meses hemos dejado atrás y 8 nos quedan todavía por delante antes de su conclusión. ¿Seguirá rondando por alguna corazón aquella exhortación? ¿Podrá realmente la vida consagrada despertar al mundo?

Entre los posibles tentativos de respuesta, una frase podría ayudarnos. Pertenece a la gran santa del siglo XX, Teresa del Niño Jesús, tan conocida por su tierno abrazo al crucifijo envuelto en rosas. Ella resumió su vida, con la tremenda sencillez que le caracteriza, con las palabras: «vivir de amor». Y añadió su significado: «vivir de amor es darse sin medida, sin reclamar salario aquí en la tierra… Vivir de amor es vivir tu vida, glorioso Rey». La imitación amorosa de Jesús es la característica específica de la vida consagrada. Ésta es la aportación de los consagrados al mundo y a la Iglesia: ser imágenes vivas de la presencia de Jesucristo. La autenticidad del consagrado, por tanto, se mide según la estatura que Cristo alcanza en él, por medio de la gracia, logrando transformar toda su vida en un reflejo de los criterios, los sentimientos, los pensamientos y los deseos de Jesús de Nazaret.

Sólo así, con Cristo en el corazón, el consagrado ha sido y es hoy un destello de luz matutina. Su anhelo de buscar siempre – de modo creativo e impulsado por el amor de Cristo – recortar las distancias entre su vida y la de Jesús muestra que él no es “uno que pierde” por vivir la pobreza, la castidad y la obediencia, sino “uno que ha encontrado y ganado”. De aquí nace el gozo profundo de todos los que han sido llamados por Jesucristo para encontrar en Él la realización de todas sus aspiraciones e imitar su vida. ¡Sólo el amor de Dios pudo inspirar tan sublime estilo de vida!

No es un misterio que en nuestro mundo muchos son los candidatos que desean postularse para desentronizar el Amor. Tener, placer, poder … han aprendido con el tiempo el arte del camuflaje para hacerse pasar por “amores”, y – a pesar del centenar de experiencias de insatisfacción – siguen aplicando a los hombres una especie de sueño inducido. ¿Cómo podrán encontrar los hombres dormidos su camino? ¿Qué o quién los despertará? El testimonio de quien ha recibido y vive de Amor.

Santa Teresa del Niño Jesús introdujo en su poesía una especie de diálogo que puede profundizar estas ideas y concluirlas. Ella escribe: «¡Vivir de amor, oh qué locura extraña —me dice el mundo—, cese ya tu canto! ¡No pierdas tus perfumes, no derroches tu vida, aprende a utilizarlos con ganancia!» A lo que responde, fijando los ojos en Jesucristo: «¡Jesús, amarte es pérdida fecunda! Tuyos son mis perfumes para siempre. Al salir de este mundo cantar quiero: ¡muero de amor!» Bien pudo ser éste el lema del año de la vida consagrada: «Vivir de amor».

Legionario de Cristo por Misericordia de Dios, que anhela para todos el don de abrir el corazón a Cristo, plenitud de la vida.

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