Ven y sígueme

Recuerdo que estando en una procesión me encontré con esta escena. Éramos unos cien religiosos caminando por las calles pintorescas de Bolsena, Italia. Varias lenguas y culturas, pero un mismo ideal.

Me acordé, al ver esta escena, de una frase del evangelio de San Lucas que puede definir lo que es la vida religiosa: “Ve, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme” (Lc 18,22).

La vida religiosa no es otra cosa que seguir a Cristo por un camino muy preciso que es el de su imitación de una vida perfecta por medio de los votos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia).

La pobreza como desprendimiento de las cosas materiales, no por buscar una indigencia personal, sino por querer alcanzar con mayor provecho los bienes espirituales, la sobriedad y el desprendimiento afectivo de las cosas mundanas que nos puedan ir alejando del amor a Dios y a las almas.

La castidad es similar al voto anterior. Muchas veces podemos creer que la castidad es una “represión” de los instintos naturales, pero la verdad es que va más allá, no es la “represión” sino la “sublimación” de estos instintos.

Pienso en el amor matrimonial: uno busca amar por completo a su cónyuge y lo demuestra con las obras. Así también en la vida religiosa buscamos la entrega total a la persona amada que es Dios; una entrega total que nos hace amar a todas las almas por igual y entregarnos totalmente a ellas en nuestra misión.

La obediencia quizás puede ser el voto más costoso, pero a su vez es el que nos asemeja más a Jesucristo: “obediente hasta la muerte y muerte de Cruz” (Flp 2,8). Es el confiar nuestra vida en las manos de Dios por medio de los superiores que buscan nuestra propia santificación.

Previous post
Hacer de lo ordinario algo extraordinario
Next post
In veritate tua exaudi me Domine

No Comment

Deja un comentario

Back
SHARE

Ven y sígueme