Una verdadera Amistad

Al caminar por una de las calles de Florencia me encontré con la escena plasmada en la fotografía: un grupo de músicos interpretando un par de piezas, amenizando la caminata de los transeúntes.

Lo que más me impactó al quererles tomar la fotografía, no fue tanto el verles con una sonrisa en la cara para sacar una moneda al oyente, sino que gozaban lo que estaban haciendo y me di cuenta de ello cuando se iban cruzando sus miradas entre los cambios rítmicos y melódicos de las piezas y se entendían a la perfección. Gozaban lo que hacían, disfrutaban ellos y nosotros.

Al verles partir me puse a pensar mucho en la amistad y al instante recordé una frase de Aristóteles que dice: “Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.” Y la pude complementar con la frase de Antoine de Saint-Exupéry “El amor es lo único que crece cuando se reparte.” Y cuanta verdad tienen estas palabras.

No se puede querer conocer y amar a una persona sin dedicarle el tiempo necesario. Hay que darse a conocer, compartir con ella, escucharle con atención, hablarle con el corazón e invertirle tiempo, tiempo que no es perdido sino ganado con creces al saber que ya cuentas con un amigo.

No nos dejemos vencer por la soledad o por el miedo de ser ayudados por los consejos de un buen amigo que siempre buscará nuestro bien y esto implica una sana confianza.

Que mejor amigo que Cristo eucaristía que siempre está esperando, con los brazos abiertos en la cruz, que nos acerquemos y le dediquemos un momento, que le escuchemos, que le hablemos con esa misma confianza y apertura con que lo hacemos con nuestros amigos.

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