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Una luz en Rusia

La familia de Aliosha era un verdadero desastre. Su padre, viudo, era un hombre impulsivo, mujeriego y alcohólico. Su hermano mayor, un hedonista que despilfarraba el poco dinero que le quedaba. Su otro hermano, un ateo racionalista con pésimo carácter. Sus dos hermanos solo estaban de acuerdo en una cosa: odiaban a su padre.

Tan mal estaban las cosas, que cuando su padre fue asesinado por un criado, el principal sospechoso fue el hermano mayor.

Aliosha por el contrario es de un temperamento tranquilo y profundo. Su honda espiritualidad empapa todo su ser y hacer. Ama a todos los miembros de su familia y hace un constante esfuerzo por traer la paz a su desangrada familia. La vida de esta familia es la trama de la novela “los hermanos Karamazov” escrita por  Fiódor Dostoyevski.

Para mí, el héroe de la historia no es otro que Aliosha. Leyendo el libro superficialmente puede parecer que logró muy poco o más bien nada: Su padre, asesinado; su hermano mayor, en el presidio; y finalmente su  hermano menor, se enfermó a causa del remordimiento atroz, de que su odio hubiera sido el causante de la muerte de su padre.

No obstante, Aliosha obtuvo la mayor victoria que puede conseguir un hombre: aunque no pudo cambiar las situaciones dolorosas, esas desgracias no lo cambiaron a él. Al final de la trama, es el mismo joven sonriente, inocente y profundo que conocimos al inicio.

Creo que a veces nos podemos sentir como Aliosha: como ovejas en medio de lobos. Nos sentimos abrumados por el peso de los vicios y problemas que vuelan a nuestro alrededor. Sentimos que explotaremos pronto si no cambia ese ambiente pesado en el colegio, en nuestro trabajo, o en nuestra casa. Queremos hacer algo para remediarlo, pero cada esfuerzo que hacemos es seguido por un desaliento más grande que el anterior. Sentimos como si intentáramos derribar a un gigante, abofeteándolo con una pluma. En fin… nos hemos dado cuenta, de que los cambios no están a nuestro alcance. Terminamos pensando: “si no puedes contra ellos, ¡úneteles!”.

No nos damos cuenta de que lo más importante, no son los resultados de nuestra lucha por el bien, sino el bien que nos hace la lucha en sí misma.

Y es que, el mayor heroísmo no es iluminar toda la oscuridad que nos rodea, sino evitar que esta oscuridad apague nuestra luz; es hablar bien de alguien cuando todos lo critican, es usar un crucifijo o medalla aunque me llamen “mocho”, es saberme controlar en medio de una borrachera, es ser luz en la oscuridad.

Probablemente una luz no va a cambiar el mundo pero que tal cien, mil, o cien mil. ¿Te sumas?  No olvides que ya hubo uno que fue luz aunque las tinieblas no lo reconocieran…

Soy un religioso legionario que se prepara para el sacerdocio. Estoy enamorado de mi vocación y de mi familia religiosa. Me encanta leer y compartir lo que leo. Disfruto mucho del arte. Mi hobby: cocinar. Persona a la que admiro: Benedicto XVI. Sueño: Re-evangelizar la cultura.

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