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Una alegría compartida es doble alegría

Imagínate la escena plasmada en la fotografía: un nutrido número de peregrinos provenientes de Camerún interpretando una danza religiosa en la presencia de su obispo; las caras llanas de alegría, los vestidos resaltando esa vivacidad y la música llena de ritmo.

Al estar viviendo este momento hice memoria de un famoso proverbio sueco que dice: “Una alegría compartida es doble alegría y una pena compartida es media pena”. Sinceramente me hizo pensar mucho en la alegría tan profunda y verdadera que esta gente transmitía con sus palabras, danzas, vestidos y rostros. Nacían espontáneamente las risas en nuestros labios, era casi imposible no sentir esa alegría.

Una alegría que nace al saberse amados por Dios Nuestro Señor a pasar de las dificultades que se nos presentan cotidianamente. Una alegría que no debería darnos miedo compartirla con los que nos rodean en el trabajo, en la escuela, la familia, etc…

Esta alegría es la alegría del evangelio. La alegría de ser y sabernos hijos de Dios. Y cuántas veces nos da miedo reconocerlo ante los demás con nuestro comportamiento…

Intentemos experimentar en este día la doble alegría que nace al transmitir el inmenso amor que Dios ha tenido y tiene hacia nosotros, con cada uno de nuestros actos. Recuerda: “Una alegría compartida es doble alegría”. ¿Te animas?

Soy un religioso Legionario de Cristo de la Ciudad de México. Me encanta tomar fotografías y encontrar, en ellas, a Dios en los pequeños detalles de nuestra vida cotidiana. Me fascina la música y tocar la guitarra.

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