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Tras el sentido del sufrimiento (I): “¡Práctica! No más teoría por favor.

Por César Pérez, LC
Era octubre del 2004. Estando en clases de cálculo diferencial, materia regia del pensum de Ingeniería, percibía con el martillar de los ejemplos recalcados, la diferencia entre la teoría y la vida real. En la teoría, uno puede utilizar el resultado del estudio prolongado en años de un gran estudioso, a veces resumible en una cifra (por ejemplo, 2,718281…), colocarlo en una fórmula y… ¡voilà! ¡resultado exacto, problema resuelto!. En la vida real, uno recibe una serie de dogmas y máximas de vida, y antes de introducirlo en un problema existencial real – como lo es el sufrimiento – se escucha exclamar dentro de sí, como un grito interior: “práctica, no más teoría, por favor”.
 
Así comprendí que teorías y fórmulas sirven para hacer un robot u otro descubrimiento por el cual podría recibir, con mucha suerte e ingenio, un Nobel o aplausos; pero, podría pasar toda mi vida sin dar respuesta a aquel pensamiento que como caja de pandora me acompañaba dentro de mi mochila: “¿cuál es el sentido del sufrimiento? ¿por qué a mí? ¿por qué el dolor? ¿por qué la dificultad? ¿por qué la enfermedad?; o más concretamente, ¿por qué mi mamá y mi papá se han separado? ¿por qué no quiero ir a casa? ¿por qué me siento tan solo? ¿por qué nadie me ayuda? ¿por qué? ¿qué hago?”
 
Mi vida me parecía terrible, y sin saber qué hacer, me refugié por estaciones en teorías y fórmulas que según científicos y grandes matemáticos explican toda la realidad. Ahora, luego de años y de un camino de zapatos desgastados, reconozco que desde aquel momento mi vida ha estado tras una búsqueda, el sentido del sufrimiento.
 
Como he sufrido, sé que este tema es delicado y sagrado. Créeme: no me atrevería a escribir sobre él si no fuera porque lo he vivido en primera persona. Mi vida ha estado y está llena de cosas que me hicieron y me hacen sufrir. No me apena decir que desde niño el dolor ha ametrallado mi vida. Tantas veces me quedé inmóvil frente a esta situación, abriendo una y otra vez, en todos los rincones donde habité, la mencionada caja para vislumbrar su contenido aterrador, preguntas y preguntas. Humanamente busqué dar respuestas. Todas fueron insuficientes y absurdas. Intenté aplicar consejos que recibí. Nunca funcionaron en mí. Eso sí, luego de considerables intentos fallidos, me dije: “quizás esto del sufrimiento no es algo que deba entender sino algo que asumir”.
 
Pero, ¿cómo? Dame tiempo y te lo explicaré. (continuará…)

Legionario de Cristo por Misericordia de Dios, que anhela para todos el don de abrir el corazón a Cristo, plenitud de la vida.

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