Tony Meléndez: Sin brazos, sin cortapisas

Por Carlos Padilla, LC

En sus 52 años la palabra “no puedo” se ha reducido a un continuo “¿por qué no?” Las miradas de compasión que despertaba ya ni le hieren ni le llevan al complejo. Los juicios sobre su incapacidad los convierte en retos y su apariencia de un hombre sin brazos no ha revelado nunca su realidad más profunda. “A menudo las apariencias son las mejores aliadas de las más efímeras quimeras”

Cuando aquél día nos dijo que tenía sed de inmediato los organizadores del evento nos amontonamos sobre el vaso de agua que tenía en su mesa de conferencista. Tony se sonrió y con tremenda habilidad nos lo arrebató de las manos con uno de sus pies. Sobra decir que nos dejó tiesos. Nosotros parecíamos ahora los inválidos.

Un caso como este, en “apariencia”, nos debería llevar a reflexionar en el valor de la auto-superación, en la fuerza de voluntad y en la capacidad para sobreponerse a los obstáculos.

Una vez más el engaño estriba aquí. “Las primeras impresiones no abrazan jamás toda la verdad”. La lección del caso “Tony” penetra los íntimos abismos personales, los más profundos escondrijos de la propia identidad, los fundamentos frágiles de ese “girón de trapo”al que llamamos hombre.

Tony Meléndez no achaca su “superación” a su probada voluntad o una sólida elección tomada un lejano día cuando todo era soleado. A Tony le salvó algo bien diferente. Sus brazos crecieron gracias a otra medicina…

“Conocí a la que ahora es mi esposa”… Cuando lo dice se le dibuja una sonrisa plasmada con pinceles de luz. Fue la magia del amor, con su hermoso juego. Fue la salvífica dinámica capaz de inflar cualquier pecho lo que a Tony le rescató. ¡Amar y ser amado! Fue aquello lo que marcó el cambio.

Tener alguien en casa a quien agradar, el poder volcarse por una persona y el ser recompensado y comprendido te llena la vida, te despierta y te hace vibrar. Amar y ser amado…¡a ningún fisioterapeuta se le hubiese ocurrido!

La segunda gran escena de su vida evoca al año 87 cuando Juan Pablo II disfrutó junto a miles de jóvenes de una canción inusual: “Never be the same”.

El programa anunciaba la presencia de un chico de origen Nicaraguense. Tony con mirada inocente salió al estrado y como pudo se colocó el micrófono. Saludo al Papá y con sus pies le fue arrancando poco a poco unas sentidas notas a la guitarra que yacía en el piso.

La melodía sugería inspiración, candor y fe. Todos en las gradas sentían una extraña mezcla de respeto e incredulidad. El espectáculo era estremecedor y a la vez impactante.  El mensaje de esperanza viajó como una flecha directo al corazón del Pontífice. Tras el aplauso y el asombro de un estadio lleno, Karol Wojtyla le dirigió estas palabras:

“Tony, eres un chico valiente, te pido que sigas dando esperanza a toda esta gente”

Tony recibía una misión y en ella encontraba un sentido. Había hallado en las palabras del Pontífice los “porqués” que ordenaban el resto de sus “cómos”. Y en el gran rompecabezas de su “hacia donde” Tony había ya descubierto al profundo “Quién” para el cual debía trabajar.

Desde entonces ha recorrido el mundo dando conciertos, grabando discos e inspirando a cientos de cristianos y no creyentes. Ha superado sus propias fronteras ¡sin brazos y sin cortapisas!

Bueno, y ahora ¿qué? ¿Qué hacer con un testimonio de este calibre?¿Puede ser acaso suficiente el sentarse a aplaudirlo? ¿Es justo el quedar boquiabierto y reconocer desde la cómoda indiferencia el ejemplo de este “girón de trapo” como yo?

¡No! No basta contemplar, reconocer y aplaudir. Esta historia tiene la vocación de tambalear nuestros cimientos y horadar la propia conciencia.

Para mi gusto tras el ejemplo de Tony hay que replantearse tres conceptos que ya se han salpicado de un lodo muy mundano. La mentalidad odierna los ha trastocado, los ha trasmutado y ha hecho que compremos la imitación, la réplica, la máscara…y no vayamos al original.

¿Qué es realmente la debilidad? ¿Cuál es el significado de propósito? ¿A qué nos referimos con identidad?

DEBILIDAD: Definitivamente no es sólo flaqueza, ni profecia de derrota. Es más bien un espacio perfecto de trabajo. Es el terreno preferido de la Gracia, es el lugar más cómodo para Dios. Por eso se lo dejó claro a San Pablo: Cor12:9 «Mi gracia te basta, pues mi fuerza se realiza en la debilidad».Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.

Nuestras flaquezas, errores, disfuncionalidades y defectos son, a los ojos de Dios, las mejores oportunidades que ÉL tiene para tomarnos en SUS brazos y hacernos felices.

PROPÓSITO: A menudo pensamos que basta quererlo con todas las fuerzas para poder lograrlo. “Querer es poder” se nos propone constantemente. La experiencia nos demuestra lo contrario. El realismo sobre el hombre y su condición de pecador nos demuestra que el propósito no basta. Hace falta tener amor, dar amor e invitar a la propia vida al Amor con mayúsculas tal como ocurrió con Tony.

Una vida con propósito no se reduce a tener un “propósito firme” sino a hacer el firme propósito de que Él siempre va a ser mi invitado de honor, pidiéndoselo con humildad en la oración.

IDENTIDAD: No es verdad que el espejo nos entrega nuestro auténtico reflejo. “El propio yo va siempre más allá de la piel” No somos lo que un reflejo dice, ni lo que la báscula nos propone, ni lo que el banco nos enumera, ni lo que los periódicos, las redes sociales o la sociedad entera pretende juzgar. Nuestra identidad no es sólo externa, no se encuentra en la mera apariencia, en la dermis, en el juicio del otro, en la cifra de la tarjeta, en la marca de ropa o en el tipo de trabajo.

Solamente el Evangelio me brinda la medida exacta de mi yo. Esas páginas son los mejores rayos x, el más sofisticado patrón de medida, el invento más exacto para otorgarme mi auténtica radiografía. Mi yo, mi identidad, la esconden las palabras de Jesús.

“…a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” Jn 15,15-16

http://www.tonymelendez.com

Comunícate con el autor a: 12enlacancha@gmail.com

Previous post
"Sanpablazos" y momentos de impacto.
Next post
El último profeta

No Comment

Deja un comentario

Back
SHARE

Tony Meléndez: Sin brazos, sin cortapisas