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¿Tengo remedio? Cuaresma 2014.

Por Javier Gaxiola, LC


¿Cómo te encuentra este año la cuaresma?

Seguramente despistado, como cada año. Probablemente te acabas de enterar que mañana es miércoles de ceniza, que hay que ayunar y abstenerse de comer carne . Tal vez hasta estás revisando (como cada año) el significado de estas palabras en internet, para ver cómo te escabulles lo más posible del martirio de no comer lo suficiente.

Independientemente de todo esto, que al fin y al cabo son exterioridades, nos debería interpelar otra cuestión.

¿Cómo estoy delante de Dios? ¿Si me tuviera que encontrar definitivamente con Dios este mes, ¿estaría listo? Quítate la máscara. Si eres mujer, el maquillaje. Expón a tu alma delante del espejo de la verdad.

Hay diversos situaciones en las que te puedes encontrar. Propongo 7. A ver qué chaleco te queda.

1) Pecador que no le importa serlo.

2) Pecador que sí le importa, pero le da flojera hacer algo para cambiar.

3) Pecador que sí le importa e intenta cambiar, pero no lo suficiente y se desanima rápido.

4) Pecador cansado de luchar o que piensa que el cambio llegará por arte de magia.

5) Ateo que dice que no le importa, pero en el fondo un poco sí.

6) Ateo que dice que no le importa… y tal vez sea así.

7) Santo, sin necesidad conversión. No teme ni debe nada. Le faltan sólo las alas.

Si eres de los que describe el número 7, puedes dejar de leer. Si no, te invito a que sigas leyendo. Tal vez encuentres algo de provecho para estos cuarenta días de desierto con Jesús.

1) Casos del 1 al 4

Si tu situación es la que describen los números del 1 al 4 no te preocupes. Tienes remedio. Eres del común de los normales. Pero tengo una mala noticia. Eres ciego. De algún modo, bajo algún aspecto. Estás enfermo. Hay algo que no te deja ver. Necesitas curarte.

La mejor frase que describe tu situación es la siguiente: Estás viendo y no ves. Sí. Ves y no ves al mismo tiempo. Crees en Jesús, pero no en su poder. Hablas con él pero no dejas que te hable. Lo oyes, pero no lo escuchas. Eres como una piedra en un río, que por más que intentes pasar tiempo en el agua nunca mojarás tu corazón.

Tranquilo. Lo bueno de todo esto es que todo esto tiene una solución muy sencilla. Si quieres cambiar, debes modificar algo de lo que haces todos los días. Debes exponerte más a Dios, a los sacramentos, al sacrificio y a la oración. Lo sé. Implica tiempo, que no tienes. Implica esfuerzo que no quieres poner. Créeme. Basta un poco. Muy poco, si tienes en cuenta lo que recibirás a cambio. Cristo se hizo pobre para salvarnos.

Esta Cuaresma es tiempo para que te despojes de algo. Sobre todo del pecado. Comienza a hacer oración (despojándote de algo de tu tiempo), acércate más frecuentemente a los sacramentos (despojándote de tu soberbia) y ayuda a los más necesitados (despojándote de algo que te cueste). Poco a poco verás que Dios todopoderoso puede contigo. Arreglará tu situación antes de lo que te imaginas.

2) Casos 5 y 6:

Tú también sufres de ceguera. Tranquilo. También tú tienes remedio. Piensas que la fe es para los débiles, pero en realidad es todo lo contrario. Te reto a que lo intentes. Me dirás que ya lo has hecho, pero el 90% de los casos que lo dicen, en realidad nunca lo hicieron bien. Intenta en estos siguientes cuarenta días encontrarte con el Dios en quien ya no crees, o dices que no crees. Finje que existe y que le hablas, que lo visitas, que le pides que cure tu ceguera y que lees la Biblia. Trata de hacerlo con sinceridad, buscando con verdad y confrontándote con lo que encuentres. Acércate a las Escrituras. Te recomiendo Marcos 8, del 22 al 30. Son dos pasajes. Léelos una y otra vez. Trata de descubrir la relación que hay entre los dos. No hagas trampa, busca la relación en tu corazón, no en Google ni en Wikipedia. Te digo una pista. Pedro era de Betsaida. Tal vez te ayude a sacar conclusiones, y tratar de hacer un camino espiritual inspirado en ese relato. No te puedo decir mucho más. Sólo desearte que recuperes tu vista y puedas ver pronto al Señor. Se muere por encontrarse contigo. Dale una oportunidad.

Termino con las palabras del Papa Francisco, de su mensaje para la Cuaresma de este año.  Todos necesitamos a Dios. Aprovechemos el tiempo que la Iglesia nos ofrece para volvernos a encontrar con él, o encontrarlo por primera vez. Dios te espera con los brazos abiertos.

“Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.” (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014)

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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