Te amo…

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.” (Jn 15,9-17 / VI Domingo de Pascua B)

 

 

Esta semana tuve la oportunidad de estar con Jason Evert. Este ferviente católico se dedica a dar conferencias sobre el amor, la teología del cuerpo, la verdadera masculinidad y feminidad… Y me encantó la perspectiva que le dio al amor que un hombre debe tener por su esposa: “Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia…” (Ef 5,25) ¡Eso es amar! Se dice rápido, pero…

Hoy día la palabra “amor” se ha banalizado. Amamos el fútbol, la piza e ir al cine. Amamos a nuestra mamá, al novio, a la amiga y al perro. Amamos la sensación de libertad que nos dan las vacaciones, la paz que nos da el oleaje del mar, las mariposas en el estómago cuando estamos con esa persona especial… Se nos rebalsa de la boca la palabra “amor”. Y cuando se imprimen demasiados billetes, la moneda pierde valor.

Lo mismo nos pasa con el amor: lo pintamos por tantas paredes, lo gastamos en tantas conversaciones, que ya no vale lo igual. Y cuanto menos vale, más la seguimos desgastando en cada tontería. Por eso es importante acordarse del Amor… así, con mayúscula. Por eso necesitamos voltear a ver al Crucificado y recordar que eso es amar. Sólo cuando caigamos de rodillas ante sus brazos extendidos en el madero de la salvación, podremos entender qué significa amar… y sabremos que todavía nos falta mucho para poder decir con toda sinceridad: “Te amo…”

 

 

Foto: The Passion of the Christ

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