¿También tú eres un esclavo?

¿Cómo puede ser que alguien que esté ganando más €1,000 euros por foto y que tiene medio millón de followers decida de repente cerrar todos sus perfiles en las redes sociales? Su nombre es Essena O’Neill. Su problema fue la falta de autenticidad en lo que publicaba. En el fondo ella era víctima de un tipo de esclavitud actual.

La sociedad está sufriendo un fenómeno de esclavitud ante los estándares -irreales- de belleza impuestos por la publicidad. Estándares de belleza que sólo existen a través del photoshop o de largas horas de maquillaje. Estándares que esclavizan socialmente y que repercuten también en las redes. Estos estándares imponen el reto -inalcanzable y por tanto frustrante- de luchar por tener un cuerpo que nadie tiene.

El problema que se deriva es doble: Por un lado te hace sentirte poco y esto te lleva a no aceptarte tal como eres. Por otro lado te impone la necesidad de competir con un contrincante invencible. Ambas cosas te hacen buscar una imagen idealizada de ti mismo que no eres tú. Una imagen no auténtica. Una imagen irreal.

Esta inautenticidad es la que llevó a la infelicidad a Essena O’neill. Ella no se aceptaba a sí misma –y tampoco los demás lo hacían–. Sus miles de followers no la seguían a ella, sino a su capacidad de maquillarse. Ella, en cambio, quedaba relegada. Ella en cuanto persona no importaba. Sólo importaba su cuerpo –y sólo si respondía a exigentes parámetros–. Eso la llevó a pensar que  valía sólo según su apariencia. Pero una persona jamás es sólo eso.

¿También tú eres un esclavo de esos estándares de belleza? ¿Qué hacer para no caer en este juego? La única manera de combatir este fenómeno social es hacer diametralmente lo contrario. Te invito a compartir lo que eres. (Esto no significa que nos mandes tu peor foto). Simplemente no te afanes tomándote cien fotos antes de decidirte a mandar una. Manda una foto normal en la que tú seas como eres. Eso hará que otros se den cuenta de que es posible compartir fotos auténticas y seguir siendo queridos –o tal vez empezar a serlo–.

Te invito a disfrutar del instagram sin tantos filtros, a que compartas la foto que tomaste. Atrévete a compartir como eres en el día a día. Estoy seguro de que así eres digno de ser querido e incluso admirado y seguido. ¿De qué te sirve que los demás quieran una mentira? Es un error alterar tu cuerpo en tus propias fotos. Eso sólo conduce a la soledad. No hagas una grieta en tu autoestima. No intentes creerte tu propia mentira al verte en esas fotos alteradas. Todos los días te verás frente al espejo sin filtros ni caretas… ese eres tú. Y ese es el “tú” que aprecian todos los que te conocen y te quieren. Ese “tú” es inmensamente valioso. No lo cambies por una imagen inauténtica.

Tu verdad, con los defectos que tengas, vale mucho más que la proyección ficticia de ti mismo. Verdad equivale a autenticidad. Sólo puedes ser feliz siendo auténtico. Te invito a ser feliz, también en las redes.

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