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Súper Mamá vs. La Mujer Maravilla

Por Carlos Padilla, L.C.

Son dos súper héroes de nuestro tiempo, y aparentemente dos modelos contrarios de vida y de plenitud femenina. A Claudia la conocí cuando aun Chema no había llegado al mundo. Ahora Nico ha ocupado el último puesto de la camioneta que todos los días viaja a la escuela con cinco hijos ¡cinco!

Súper Mama usa los súper poderes desde temprano cuando tiene que despertar a sus “villanos” para mandarlos a la escuela de ciudad gótica. Todo súper héroe debería usar una capa. Ella sólo endosa un delantal rojo. No cocina nada mal pero de vez en cuando no le queda otra que hacerles sopa en el microondas.

Son las 7 menos un cuarto y es tiempo de salir de casa. Al mayor le quita el celular, y a la grande de las niñas le grita: “prohibido ponerte mi blusa” a la peque la peina con las coletas y a la segunda le pregunta si lleva el mapa que ayer colorearon juntas. A los chicos los vistió de Batman y de Robin porque celebran un cumpleaños y a su esposo le planta un beso mientras le recuerda pasar a transito para recoger su licencia.

Para todos tiene un mensaje, una recomendación y una bendición sobre la frente. Súper Mamá sube a la camioneta, esquiva un triciclo, mira el espejo, saca al perro, se va a poner “lipstick” y corre como relámpago por su bolsa. La peque no olvidó el mapa pero ella por poco y sale sin sus “armas”.

Estas escenas escurren adrenalina. El día apenas ha empezado y ya su corazón palpita. “Sin amor sería imposible” me recuerda. “A veces llego al límite y en vez de la batichica me sale la bruja, pero le pongo más amor y listo”. ¿Y eres feliz? Le pregunto tambaleante. Me mira fijo y me siento un idiota por preguntar algo tan evidente a los ojos. ¡Comprendí que su sonrisa es la mía, y eso me basta, todo es por ellos, eso me basta! concluye.

La Mujer Maravilla en cambio llega a la oficina para lidiar con mil papeles, con las dos juntas de hoy, la conferencia satelital y las inversiones que los japoneses aún no han firmado. Su diploma se alza firme y esbelto en la pared de su despacho mientras los boletos de avión para el congreso de Zurich la miran expectante.

Tiene dos celulares, tres correos electrónicos y la linea directa que maneja Suzy, la secretaria. El día se le apretará hacia la tarde cuando tenga que superar el tráfico de la oficina al gimnasio y del gimnasio al diplomado en “Merchadeshing”.

¡No estudié cinco años para cocinar y cuidar niños! Ahí dice “Licenciada, no niñera” me comenta Sara tras señalar el diploma de la Universidad.

Y en medio de dos vidas así yo me detengo a reflexionar sobre la plenitud femenina. ¿Qué significa alcanzar el íntegro desarrollo de las propias capacidades? Y aún más: ¿Se contrapone el ser mamá, esposa, ama de casa y profesionista exitosa?

La mujer siempre es madre. Todas sus relaciones están impregnadas de esta dinámica de maternidad. La mujer aunque no engendre biológicamente siempre hará nacer hombres y mujeres a su alrededor. Siempre será el alma de un hogar, de una oficina o un salón.

La mujer cabe en la empresa, en la industria y en las aulas y desde ahí estará dando vida. Es una formadora por excelencia, da vida desde el vientre o con el espíritu. Su modo de hacer siempre será irrenunciablemente materno y femenino.

Puede hacer lo que el hombre, pero no como el hombre. Tiene derecho a un mismo salario y a equiparadas condiciones laborales pero siempre con el respeto a su identidad y a lo que más profundamente ella es.

En ningún sitio está escrito que la plenitud femenina sólo se alcanza en el ámbito profesional, ni tampoco se puede afirmar que sin hijos propios la mujer está incompleta. Su más profunda integridad se alcanza en la donación de la propia vida, implicándose en totalidad.

Por ello sus parámetros no pueden ser egoístas y la cerrazón puede ser tanto a la vida biológica como a la vida de generosidad. Todas las mujeres encontrarán la felicidad cuando delimiten bien su papel de engendradoras de vida y formadoras de personas.

Claudia desde el último mes se ha dado cuenta que los miércoles le queda hora y media de respiro entre el fútbol de su hijo y el ir a recoger a Ade en el Ballet. Si logra correr y hacer rendir el tiempo, este año estudiará un Posgrado que le fascina.

Sara, nuestra licenciada, ha comenzado a salir con uno de sus compañeros. Y ¿quién sabe? quizá dentro de poco, en el escritorio de la mujer maravilla aparezcan las fotos de sus hijas vestidas de las chicas super poderosas…

“La sabiduría de la mujer edifica su casa” Prov 14:1

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