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Somos hombres: los inmigrantes detrás de la inmigración

Carlos Ruiz, LC

No sé si debería afrontar un tema como este. Es difícil. Mi condición quizás es un impedimento. No obstante, ¿cómo se puede permanecer en silencio? No creo que se deba.

La inmigración es un problema polémico, difícil y actual. Ciertamente soy un extranjero en un país que me ha aceptado, pero hablar de este problema me parece importante.

Y es que en el fondo, verdaderamente el problema debería ser reconducido a un hecho de suma importancia y sumamente olvidado: somos hombres.

Esto, que quede claro, no es una simple escusa de cristiano que serviría para abrir las fronteras o para permitir la entrada donde sea que quiera a cualquiera. Pienso, de hecho, que no sea esta la solución. Somos hombres y por ello debemos ayudarnos los unos a los otros, porque al fin y al cabo, todos somos hijos del mismo Padre, peregrinos en el mismo camino. Somos hombres y por eso creo que sea necesario un cambio de punto de vista: dejar de ser indiferentes y conocer qué es necesario hacer. Somos hombres y debemos tender una mano amiga más allá de las palabras.

Pero ¿cómo? Es una pregunta intricada. Efectivamente no hay, según yo, una respuesta fácil, pero debería haber una respuesta verdadera. No es decir que sí a todo, es decir que sí a la conmutación profunda de nuestra sociedad. La respuesta, creo yo, no se encuentra en el ser indiferentes, es decir, estar dispuestos a trabajar no por la salida fácil, sea abriendo o cerrando las fronteras. ¡No! Eso es indiferencia. Debemos ir más allá de una solución inmediata como ésa y tomar plena responsabilidad de la vida de nuestros hermanos. Debemos, por lo tanto, ir a encontrar el problema donde está, es decir, en aquellas naciones que se encuentran en guerra o en pobreza. Debemos ensuciarnos las manos allí donde nuestros hermanos encuentran la muerte. Debemos hacer de su casa una casa habitable, un lugar donde haya seguridad y donde se viva el amor.

Diferencias siempre habrán, pero debemos hacer ver a nuestros hermanos que la última palabra no le pertenece a éstas. Que el paraíso no se encuentra fuera de aquello que ellos llaman casa, sino que es propiamente ahí donde se puede construir el paraíso.

No sé si debería escribir sobre esto siendo yo mismo un extranjero; sé bien, sin embargo, que el sufrimiento no se cura con un analgésico. Si se deben abrir o no las fronteras, tampoco lo sé; pero si sé que estamos olvidando que al otro lado de las fronteras se encuentran nuestros hermanos, aquellos que como nosotros son seres humanos.

Crédito de foto: Maurizio, Francesco Mazzola

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