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Seres superiores con un cromosoma extra

“I can do things that other people can’t.” (Man of Steel)

Por Javier Gaxiola, LC

Nos preguntamos muy seguido sobre la existencia del mal en el mundo y en nosotros mismos. ¿Porqué existe el mal? ¿Porqué hay gente mala en el mundo? Nos gusta especular sobre los extremos: las catástrofes naturales, las enfermedades, la pobreza, los crímenes, las guerras injustas. Poco nos ponemos a pensar en nuestro mal, en esa continua inclinación diaria a ser injustos, aprovechados, mentirosos, egoístas e impuros. No nos gusta pensarlo mucho pero lo experimentamos todos los días. Sentimos dentro de nosotros esa sutil invitación de hacer el mal, de romper reglas, de desear lo indeseable y de sobresalir atropellando a nuestro prójimo.

San Pablo lo decía con otras palabras: “Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí.” El origen de esta tendencia que vive dentro de nosotros nos la han heredado nuestros primeros padres. Es una inclinación que se quedó como una cicatriz de la herida del pecado original, y que aunque nos hayamos bautizado continua afectándonos. Se llama concupiscencia. No estamos determinados a seguirle y contamos con la ayuda de Dios que nos da su gracia para ir en dirección contraria, pero de todos modos nos causa problemas. Nos jala con una fuerza misteriosa, como una cuerda invisible que nos tira constantemente a obrar mal. Nos encantaría librarnos de ella. Le pedimos constantemente a Dios que nos la quite. “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” exclama san Pablo en su carta a los Romanos. De otras muchas maneras también nosotros lo anhelamos.

He aquí una idea revolucionaria. Existen hombres y mujeres que parecen no tener este problema. Subrayo “parecen”, porque está claro que todos los hombres y mujeres, después del pecado original, “cojeamos” de ese pie. Aún así, conviviendo con estos seres humanos en este punto concreto, parece que gozan de una superioridad sorprendente a nivel de la gracia, y es la siguiente: en las personas con el exceso cromosómico de 47 (llamado Síndrome de Down) no se manifiesta o se manifiesta muy débilmente esta inclinación. Lo que parecería una limitación o incluso inferioridad, se vuelve en el orden de la gracia superioridad. Son personas que, no sólo no sienten ni experimentan el mal moral que nosotros experimentamos, sino que además irradian una bondad fuera de serie, capaz de influir positivamente a la gente que los rodeamos.

Podría pensarse que esto no es relevante. Pero pensemos un poco: si la concupiscencia en ellos, aun estando presente, no se encuentra en acción y son capaces de vivir con una tendencia continua al bien, entonces estas personas tienen mucho que enseñarnos. Ellos y ellas no se complican. Son por tendencia justos, amables, cordiales, puros, sinceros… qué se yo. Santos. En el orden de la gracia seres que una vez bautizados nunca más vuelven a pecar y ni si quiera piensan en hacerlo. No les llama la atención. No les apetece. Esto los hace especialmente receptivos, sensibles y disponibles a la gracia santificante de un modo sorprendente y sin ser ellos mismos conscientes de lo que esto significa.

Se podría pensar que estamos excluyendo del panorama los evidentes límites con los que estas personas tienen que luchar a diario: sus movimientos físicos, su lenta capacidad de hablar y expresarse, su poca memoria, sus trastornos de visión y audición, cardiopatías, crecimiento físico, entre otros. Olvidar esto sería caricaturizar la superioridad de la que hablamos anteriormente. El punto a valorar aquí es el siguiente: ellos experimentan las consecuencias del pecado no tanto en la concupiscencia como tendencia al mal, sino más en las limitaciones físicas y mentales que trajo también el pecado a nuestras vidas.

De cualquier modo, en el ámbito sobrenatural, estas personas nos aventajan por mucho. Para nosotros creyentes, que vemos la realidad en su conjunto, el orden de la gracia precede, sustenta y supera el orden material. Sabemos que nuestro paso por la tierra es temporal y que nuestra vivencia de la vida espiritual es un poco difícil de vivir con perfección en parte por nuestra condición humana corporal, limitada e inclinada al mal. San Pablo, como vimos anteriormente, hubiera dado lo que fuera por librarse de su “cuerpo de muerte” para poder contemplar y vivir más auténticamente su vida espiritual. Y esto es justamente lo que las limitaciones de los hombres y mujeres que tienen el cromosoma extra pueden hacer. Sus límites a los ojos de los hombres se vuelven justo lo que los hace superiores a nosotros. Lo que en el orden material los hace más débiles, los hace desproporcionadamente más fuertes en el orden de la gracia.

Gregory y Megan Dean son de Auburn, California, y tuvieron a su hijo Nick el 1ro de octubre de 2004. Como muchos matrimonios con el mismo caso, en el momento en el que el doctor les ratificó que su hijo tenía tristomía del cromosoma 21 (Síndrome de Down), la noticia fue devastadora. ¿Porqué nosotros? – se preguntaba Megan a menudo mientras sentía crecer a Nick en su vientre. Ahora, confiesa que la pregunta sigue estando presente en su oración, pero como preguntándole a Dios ¿porqué quisiste bendecirnos a nosotros?

 

En una ocasión, Megan asistió a una conferencia del Padre Edmond Sylvia en Sacramento. Se acercó al final para saludarlo, ya que el cura había sido el capellán de la Universidad Franciscana mientras ella estudiaba la carrera allí. Cuando Megan explicó al sacerdote su situación, él sólo le dijo lo siguiente: Nick santificará tu hogar. Después de varios años y ella y su marido no se cansan de mirar hacia atrás para constatar que esa frase fue una especie de profecía. Nick ha traído bendiciones desmedidas continuamente a su hogar y se ha vuelto una especie de eje espiritual de su familia. Siguiendo el hilo de la reflexión, no es de extrañarse. Estas personas tan especiales se vuelven en donde están en una especie de generadores de amor y paz, imagen y semejanza de Dios. Viven como en el paraíso, como sin la pesada y fastidiosa concupiscencia, como ángeles.

Este matrimonio no se cansa de transmitir al mundo la belleza espiritual de Nick. Él junto con todos y todas los que son como él tienen demasiadas cosas que enseñarnos. La próxima vez que te topes con alguien como él observa un poco. Verifica la teoría. Aunque no estés totalmente de acuerdo, te darás cuenta que por lo menos logrará robarte una sonrisa. Déjate interpelar por su inocencia y si profundizas un poco más, te harás preguntas sobre el modo en el que tú afrontas las cosas. Y cuando haya logrado penetrar en tu interior, piensa que el mundo sería un poco mejor si fuéramos un poco más como ellos. Sé humilde y reconoce una cosa: saben amar mejor que nosotros y justo eso es la gran lección de este regalo que Dios nos ha hecho en estos seres superiores. Aman mejor que el resto de nosotros y son el reflejo más fiel del amor de nuestro Creador.

*Sitio del testimonio de Gregory y Megan, padres de Nick: http://www.momdoihavespecialknees.com/

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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