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Se me ha dado todo poder…

Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».” (Mt 28,16-20 / Ascensión del Señor A)

 

 

Como ya hemos dicho en el pasado, a veces parece que a Jesús no le fue muy bien en la clase de lógica. Primero nos dice que él tiene “todo poder en el cielo y en la tierra”; y luego, ¿nos manda a nosotros a hacer el trabajo? Veamos: si de verdad tiene “todo poder”, ¿por qué no nos ahorra la molestia y hace que todo cambie con un abrir y cerrar de ojos? Además, también se ahorraría la espera… Pero nosotros ya vamos conociendo a nuestro Señor y sabemos que a veces le gusta jugar con nuestra mente.

A mí me encantan los libros y las películas que lo tienen a uno, de inicio a fin, intentando resolver el desarrollo final de la historia. Y los mejores relatos, lo guían a uno por un camino a lo largo de todo el recorrido, pero en el último capítulo, en la última escena, le dan la vuelta a la tortilla y el disparo le sale a uno por donde menos se lo esperaba. Lo mismo pasa con algunos idiomas, especialmente los idiomas antiguos. Por eso, nos puede ayudar cambiar el orden de algunas frases en este evangelio para entenderlo mejor. Leamos el evangelio de la siguiente manera:

“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”

No parece mucho, pero ese mínimo cambio nos revela un gran misterio escondido en estas palabras de Jesús, justo antes de subir al cielo. Sí, Él ha recibido todo el poder… pero también nos ha hecho parte de su cuerpo. Nosotros somos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, y Él es la cabeza (Ef 1,22). Por eso puede decir después: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. No sólo está con nosotros sino en nosotros y nosotros en Él: en la Iglesia, con la gracia de Dios, en comunión con su Espíritu, podemos ser uno con Cristo, como Él y el Padre son uno.

Eso significa que no sólo Él ha recibido “todo poder”: ¡nosotros también! Nosotros hemos recibido “todo poder en el cielo y en la tierra” porque estamos unidos a Cristo desde el momento de nuestro bautismo.

¡Qué gracia tan grande! Pero con grandes dones, viene una gran responsabilidad. Por eso, no nos podemos quedar quietos, inertes… tenemos que salir al mundo a anunciar la maravilla de la Resurrección, del Dios-Amor que se hizo hombre y dio su vida para salvarnos de la muerte. Por eso tenemos que ir por todo el mundo haciendo discípulos para Cristo, llevándolos a la comunión con la Santísima Trinidad, al encuentro personal con Cristo.

Después de estas palabras, Cristo subió al cielo. Pero nosotros ya sabemos lo que viene; Él ya nos lo había dicho: el próximo domingo Él nos mandará su Espíritu para que nos guíe y nos lo explique todo. No podemos perder el tiempo: ¡tenemos que empezar, desde ya, a pedirle que venga y nos ilumine, que nos llene de su paz y de su amor, que nos haga ser verdaderos miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia! Sólo así podremos instaurar su Reino en el mundo.

 

Foto: Brett Taira, LC

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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