Rostros

“Caras vemos, corazones no sabemos”, dice el refrán. Al ir por la calle, en la avenida principal de nuestra ciudad nos topamos con un mar de gente. Cada persona con un rostro, y dentro de ése, una vida entera. Cada uno de ellos porta consigo un mundo totalmente desconocido para nosotros. Un mundo que, sin embargo, valdría la pena descubrir, al igual que para Cristóbal Colón valió la pena América.

Este fresco parece simple: una familia sencilla de campo posando para una foto. Los papás en los extremos y la hija en medio. El señor, parece ser un campesino; la señora, ama de casa. La hija habrá cumplido sus quince años probablemente.  Después de la foto vendrá la fiesta…si es que tienen los medios económicos para costearla.

Llaman la atención los rostros de los tres personajes: posan con cara triste. ¿estarán pasando por problemas? ¿habrá conflicto matrimonial? ¿Tendrán acaso problemas de conducta con la hija? No se sabe: sólo contamos con este sencillo fresco. Expresa mucho, pero al mismo tiempo, guarda consigo un grande misterio.   El hombre, paradójicamente, es el ser más expresivo sobre la tierra, pero el que más guarda incógnitas.

Son tres almas que estarán pasando por dificultades, pero que, a pesar de todo, siguen unidas. Si es un problema matrimonial, el lazo de unión es la hija, la cual, está en el centro, sirviendo de puente entre el hombre y la mujer. Si el problema es la hija, están los padres, que la protegerán y la amarán a pesar de todo, y se lo manifiestan con ese cálido abrazo que funde las tres personas en una.

“Caras vemos, corazones no sabemos”, dice el refrán. Creo que sería interesante adentrarnos al mayor de los descubrimientos: el del mundo interior del hombre.

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