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Reino del corazón de Jesucristo

Por Andrés Orellana, LC

El amor verdadero es un negocio peligroso, un deporte extremo. Se corre el riesgo de ser heridos. Sin embargo, necesitamos amar. Parece un callejón sin salida. A veces parece que somos esclavos del sufrimiento. En verdad, necesitamos salvación.

“En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo; en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios.” (Benedicto XVI, homilía 19-06-09). Es con su amor que Jesús nos salva, y es también a través de ese amor como él reina. Al establecer la solemnidad de Cristo Rey, Pio XI explicó que ”… se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús.” Por eso el Reino de Cristo no puede ser otro que el Reino su corazón, porque es a través de su infinito amor como Él conquista los corazones, y su Sagrado Corazón es el recipiente humano de ese amor infinito. ¿Pero cómo es ese amor que contiene su corazón?

Lo podemos ver claramente en el pasaje de la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8). Su corazón estaba oprimido por el pecado, no sólo el de ella, sino también el de los fariseos que la querían apedrear. “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” dijo Jesús, revelando que los corazones de los fariseos tampoco estaban libres de pecado. Necesitaban esa liberación. “Entonces él se incorporó y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena? —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.” Jesús es un Rey que perdona. Es un Rey que no ha venido a condenar, sino a salvar. Es Rey, y tiene el poder de condenar, “Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto” (Sal 129). El amor del corazón de Jesús es un amor misericordioso.

Estamos llamados a construir el Reino. “Construir el Reino significa trabajar por la liberación del mal en todas sus formas.” (Dominus Iesus, 19). El primer corazón que tenemos que liberar del mal, es el nuestro. Sólo el amor misericordioso que contiene el corazón de Jesús puede liberarnos del mal. Cuando el legionario atravesó el corazón de Cristo con una lanza, todo ese amor se derramó sobre la humanidad. La Iglesia nos ofrece todo el amor del corazón de Cristo, en los sacramentos de la confesión y la Eucaristía. Sólo dejándonos herir por este amor tan grande que ha entregado su vida por nosotros en la cruz, sólo experimentando su perdón, su alegría de perdonarnos y la alegría de ser perdonados, sólo así reinará Cristo en nuestros corazones, y podremos construir el Reino de Cristo amando a todos con el mismo amor que sale de su corazón.

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