¿Qué vas a hacer esta Navidad?

Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. (Mt 11, 2-11 / III Domingo de Adviento)

¿Qué vas a hacer los domingos a la iglesia? ¿Para qué vas a Misa? ¿A cumplir compromiso? ¿A que te vean? ¿A pasar lista para ver quién está? Para eso se va al mall y a las fiestas sociales. ¿A qué vas a Misa los domingos? ¿A perder el tiempo? …mejor quedarse en casa. Entonces, ¿a qué vas a Misa cada domingo? ¿A encontrarte con Dios? Sí, a estar en su presencia, a escuchar su voz, a recibirlo en la Sagrada Comunión.

Y ¿qué tiene esto que ver con el Adviento o con la Navidad? Todo, porque aplica la misma pregunta a cada cosa que hago en mi vida… y porque cada Misa es una pequeña Navidad.

¿Qué vamos a celebrar este 25 de diciembre? ¡El milagro del amor de Dios! “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Y no lo hizo porque fuéramos súper bien portados y nos mereciéramos un premio excepcional: “cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios” (Rom 5,10). Sé que es difícil entender la grandeza de este evento, pero hagamos el esfuerzo; ejercitemos nuestra fe.

Hace 2,000 años, “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14)… ¡Dios con nosotros! De hecho el texto original dice “y puso su tienda entre nosotros”, para recordar el paso del Pueblo de Israel por el desierto. Ese es el mismo desierto en que nos encontramos cada uno de nosotros. Y por eso tenemos sed: una sed que sólo Jesús puede saciar.

Por eso, cada año, el 25 de diciembre hacemos memoria de este hecho maravilloso e increíble. Una gracia tan grande no puede quedarse en el olvido. Y no se trata de un mero recuerdo de lo sucedido. “Hacer memoria” significa actualizar, volver a vivir el mismo hecho. Y eso mismo sucede en cada Misa.

En cada Celebración Eucarística, nos alegramos porque Dios se hizo hombre y decidió quedarse entre nosotros como nuestro alimento. Su compañía constante en la Eucaristía nos alienta y fortalece en el desierto que es el mundo. Es Él, Cristo Jesús, quien viene a la tierra, a tu corazón, este 25 de diciembre. ¿Estás listo para recibirlo? ¿Llegás a cada Misa consciente de esta maravilla?

Entonces, ¿a qué vas a Misa? ¿Qué estás haciendo durante este Adviento? ¿Qué vas a hacer esta Navidad? Ánimo, el tiempo corre, pero aún es suficiente. Que María, la Inmaculada Concepción, nos ayude a tomar conciencia de este Milagro de Amor. Que ella nos ayude en esta preparación para la Navidad. Que podamos recibir a Nuestro Señor como lo hizo ella hace 2,000 años…

Y vos, ¿ya estás listo para esta Navidad?

 

Foto: Robert Cheaib

 

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