#PrayForParis: Hubo un sueño llamado Europa: variaciones sobre “Gladiator” en Sol Mayor

– Dime Máximo, ¿por qué estamos aquí?

– Por Europa, mi señor

– ¿Y qué es Europa, Máximo?

(Pausa)

– Conozco a nuestros enemigos. Son brutales, crueles, oscuros. Europa es la luz”

Todo el que haya visto ese clásico del cine que es Gladiator, recordará sin duda ese diálogo entre Máximo y Marco Aurelio en el que cruzaban, si no las mismas, por lo menos parecidas palabras.

Europa, Roma, era la luz, sí. Pero también era y sobre todo, como señalaba Marco Aurelio, un sueño. Un sueño amenazado a cada paso por multitud de enemigos, enemigos que iban mucho más allá de las hordas bárbaras del norte.

La Roma de Máximo, para quien la conocía, distaba mucho de ser la República ideal que soñaba el Emperador Filósofo en la película. Seguro que estaba llena de políticos corruptos, que dominaban a una sociedad a base de pan y circo. Seguro que los jóvenes tenían problemas con el precio de las viviendas, la natalidad era baja, la religión oficial presentaba signos de agotamiento y cundía la sensación de que las virtudes de la Antigua Roma en todas partes brillaban por su ausencia. Seguro que sí. Pero también es seguro que, cuando los bárbaros sacan el hacha y agitan, con aire chulesco, una cabeza en la mano, definitivamente no es el momento para flagelarse con autocríticas apocalípticas. Es momento para cerrar filas y agarrar fuerte la bandera. Como decían Ortega y el beato Maquiavelo (risas en off), es momento de “ritornare al segno”. Es momento para sentirnos todos de nuevo europeos, occidentales, hijos de Grecia, de Roma, de Jerusalén y de la Modernidad. Es momento para distanciarte de tus problemas con el trabajo y tus antipatías hacia los políticos de turno, y para darte cuenta de que podrías estar viviendo en un califato gobernado por una panda de camelleros degolladores fanáticos, en vez de en una democracia europea.

Y, por lo mismo, es momento para tomarnos en serio nuestros propios valores, venciendo la tentación del relativismo autodestructivo que nos amenaza, y que no es la encarnación, sino la corrupción, del espíritu europeo.  Nunca olvidaré un telediario, hará ya un año, cuando el ISIS iniciaba sus fechorías, en el que un librero turco, preguntado por estos carniceros, respondía así: “Los llamáis terroristas, pero eso depende del punto de vista de cada uno. Para nosotros son héroes”.

¿Es verdad esto? ¿Es verdad que no existe la verdad, y que todo depende del punto de vista de cada uno? ¿O nos creemos en serio que todo lo que Europa representa? ¿La racionalidad, la libertad, la dignidad de la persona, la democracia, la igualdad…son valores de verdad? ¿Valores que merece la pena defender, hasta el punto incluso de morir por ellos? ¿O son un mito más, como podría serlo “Tercer Reich” o “Califato Islámico”? ¿La igual dignidad de todos los hombres es tan sólo una opción cultural más, tan respetable como la división en castas de la India? ¿Todo da igual?

Por último, si creemos que Europa es la luz, y una luz que amenaza extinguirse, es también un buen momento también para preguntarse por el origen de esa luz. ¿Es Europa una estrella, que brilla con luz propia…o es más bien como la Luna, que recibe la luz de una fuente externa? Si anochece en Europa…¿no será porque estamos alejándonos de nuestro Sol?

(originalmente publicado en http://www.democresia.es/2015/11/un-sueno-llamado-europa/ )

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