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¡Pobre sinvergüenza!

Por Patricio Bringas Iturrioz, L.C.

¡Pobre sinvergüenza! Así podrían algunos llamarme cuando me miran por la calle. Quizás una persona más educada lo pensaría en su interior, pero ninguno de los que me vieran a mí o a alguno de mis hermanos quedaría indiferente. Yo, por mi parte, seguiría caminando. Entonces, frente a mí se me presentarían dos opciones: dejar que esas palabras se queden allá atrás en la boca de sus autores o permitir que lleguen a mi corazón. Elijo la primera opción y asunto arreglado, puedo continuar mi camino sin interrupciones. Sin embargo, me doy cuenta de que no fue la primera vez que se me calificaba de esa manera pues, muy en lo profundo, ya lo había escuchado claramente. Fue la voz de mi propio yo el que me gritó: ¡Pobre sinvergüenza!

Es común que cuando alguien nos ofende verbalmente surja un cierto rechazo hacia esa persona, un rencor muchas veces escondido que perdura por mucho tiempo y carcome el alma. Es todavía más doloroso cuando esa ofensa proviene de un ser querido, de un amigo, de un hermano o de un compañero, pero la ventaja en este caso es que el rencor no dura tanto tiempo ni es tan profundo, gracias al afecto que le tenemos a esa persona y el que sabemos que ella nos tiene. En el caso de que la ofensa venga de uno mismo… ¿qué sucede? Nuestra identidad se resquebraja, se divide; eso nos vuelve vulnerables y empezamos ansiosamente a poner barreras defensivas para intentar protegernos. Nuestras acciones se vuelven falsas, inseguras, porque actuamos bajo distintas caretas dependiendo las circunstancias.

Yo puedo salir a la calle con el clergyman o distintivo clerical como signo visible y evidente de mi consagración a Dios o puedo vestirme de la misma manera para que me alaben y que me vean. Entonces mi interior retumbará con las palabras: “¡Pobre sinvergüenza! Tu vida no tiene sentido. Aparentas ser alguien que en realidad no eres.” Está bien, pero ¿quién se da cuenta de ello?, ¿quién nota si estoy engañándome a mí mismo y a los demás? o ¿quién se da cuenta de la sinceridad de mi consagración? Yo mismo. El pobre sinvergüenza. ¿Nadie más?… Sí: Dios. El que nunca me deja solo. Él me ha llamado a venir con él y ser su discípulo, su apóstol, lo que significa vivir como él vivió: obediente, virgen y pobre.

Este último aspecto llama la atención de manera particular en un peatón consagrado. No lleva celular ni dinero en los bolsillos y el reloj brilla por su ausencia. Algunos van vestidos de negro a 30 grados centígrados, a otros les cuelga de la cintura un enorme rosario, pero todos ellos y todas ellas tienen algo que regalar a todas las personas con las que se cruzan: una sonrisa en el rostro. Una sonrisa muchas veces contagiosa por su autenticidad. ¿Qué es lo que hace que la persona consagrada viva feliz aparentemente sin poseer nada? Precisamente eso: “Parecemos tristes, pero siempre estamos contentos; parecemos pobres, pero enriquecemos a muchos; parece que no tenemos nada, pero lo tenemos todo.” (2 Co. 6,10)

El alma humana es tan maravillosa y tan grande que nada material puede llenarla. La pobreza, aunque suene paradójico, llena el alma porque la vacía de todo lo que no es Dios. Es por eso que las almas consagradas que viven su consagración a Dios con sinceridad son auténticas, libres, plenas. Como religiosos somos pobres, realmente pobres, y es por medio de esta pobreza por la que damos testimonio alegremente al mundo de que es posible, como Jesucristo, ser pobre sin vergüenza.

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7 Comments

  • Paulina Nuñez

    24 Diciembre, 2015 at 08:27

    Felicidades H. Patricio. Y un paso más allá, de pronto, el pobre sinvergüenza se da cuenta de que lo es, que siempre lo ha sido, y se desmorona hasta que comprende que Dios, pudiendo haberle hecho mejor o rechazado definitivamente, le crea así y muere se amor así. Ese día, el pobre sinvergüenza, agradece que se le reconozca como tal y sigue regalando la sonrisa, agradecido.

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    • Patricio Bringas LC

      27 Diciembre, 2015 at 00:13

      ART!
      Muchísmas gracias, Paulina. Estos días de Navidad son especialmente aptos para meditar profundamente en la grandeza -ojo- de Dios en su pequeñez de niño en Belén. Dios es grande en su pequeñez, Dios es grande en su humildad y así quiere que seamos nosotros también cuando nos pide reconocer nuestras debilidades y carencias. ¡Es precisamente en esos momentos de debilidad cuando el rostro de Dios brilla con más claridad! Te deseo una muy feliz Navidad y que Dios te bendiga llenándote de alegría y paz.
      Patricio Bringas, LC

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      • Gilberto Ibáñez

        28 Diciembre, 2015 at 15:06

        ¡FELICIDADES! H PATRICIO por está reflexión sobre la vida en CRISTOJESÚS. esto alimenta mi alma y espíritu no me cabe la menor duda de que esto es una respuesta verdadera a la vida consagrada y que DIOS nos utiliza para ayudar a los demás… que nos sentimos caídos por ser pobres sinvergüenzas. tus palabras me han alimentado para seguir adelante. que DIOS té siga utilizando con el espíritu santo y JESÚS encarnado un solo DIOS VERDADERO y nuestra madre la virgen MARIA te protejan Ahora y siempre. AMÉN
        Ahora me siento pobre y sin vergüenza.
        ¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

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        • Patricio Bringas LC

          6 Enero, 2016 at 02:08

          ¡Venga tu Rerino!

          ¡Dios te bendiga, Gilberto! Lo más hermoso de ser “utilizados” por Dios es que él siempre respeta nuestra libertad y nunca, jamás, nos va a “cosificar” o a tratar como a un objeto que se usa y luego se tira. Cuando él quiere que le ayudemos a salvar al mundo, siempre se abajará hasta nosotros para preguntarnos: “¿Quieres?, ¿puedo?” ¡Ese es el misterio de la Anunciación! Dios le “pide permiso” a su criatura para actuar en ella. ¡Qué grande es nuestro Dios! ¡Qué grande en su humildad! ¡Qué grande en el pesebre de Belén!
          En Cristo, Patricio Bringas LC

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  • Fátima Moreno

    28 Diciembre, 2015 at 02:34

    ¡Alabado sea Jesucristo! Yo quiero ser pobre y sin verguenza 🙂 . Lorea me compartió el link asegurandome que me gustaría pero más que gustarme, ha tocado mucho mi corazón. Gracias por publicarlo.

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    • Patricio Bringas LC

      6 Enero, 2016 at 02:12

      ¡Venga tu Reino!

      Estimada en Cristo, Fátima

      ¡Qué honrado me siento de saber que Dios ha tocado tu corazón mediante estas pobres palabras! Ya con esto él quiere darme parte de lo que será mi futuro ministerio sacerdotal, si él así lo quiere. ¡Feliz año nuevo y mucha alegría en Jesús! Qué bueno que quieras ser pobre, pues solamente siendo pobres es como Dios puede llenar nuestros corazones de él. ¡Que María te acompañe siempre!
      Patricio Bringas, LC

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  • Iván Yoed LC

    16 Enero, 2016 at 18:43

    Querido en Cristo, H. Patricio. Muchísimas gracias por su reflexión. Le animo a continuar enriqueciéndonos desde su corazón religioso con muchos más artículos que nos impulsen a la santidad verdadera y auténtica. Que Dios le bendiga hermano. ¡Unidos en Cristo!

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