Percibir su Presencia: examen de conciencia

Dios actúa continuamente en nosotros. Continuamente. ¿Por qué no siempre lo vemos? Percibir su presencia requiere un esfuerzo personal y cotidiano, que logra convertirse en un hábito, del cual proviene un sin fin de buenos frutos: paz interior, seguridad en el caminar, alegría profunda, discernimiento sincero, unión amorosa a su Voluntad.

El examen de conciencia desarrolla una sensibilidad que permite con más facilidad experimentar el amor de Dios y sus grandes deseos de hacer de nuestro vivir, una vida plena. Con el tiempo se logra percibir a Dios en el día a día, en mis diálogos, actividades, paisajes, problemas, en todo. Este examen particular, vivamente recomendado antes de nuestra confesión, no es un mero juzgar y hacer lista de faltas, sino que es oración y diálogo con el Señor, que nos espera asomado en la ventana, dispuesto a darnos su gran Misericordia. ¡Cuántas veces experimentamos el deseo de deterner el andar del día para dirigir la mirada a Dios! Éste es el momento.

Comúnmente el examen tiene una duración de 10 minutos. Puede hacerse una vez al inicio de la semana hasta habituarse a dos veces por día: al mediodía y antes de acostarse. Se hace en presencia de Dios, escuchando su voz en la conciencia, en un lugar tranquilo, preferiblemente ante el sagrario.

¿Cómo hacerlo? Aquí cinco pasos sencillos.

1. Pedir luz y gracia para descubrir a Dios en lo vivido

Sereno mi corazón para compartir lo vivido con Dios. Pido luz al Espíritu Santo para conocer las señales y la acción de Dios desde el examen anterior.

2. Agradecer los dones del día

Hago un repaso de lo vivido en el día: actividades, experiencias, encuentros, trabajos… Doy gracias a Dios por todo y pienso en qué momento sentí una mayor cercanía de Cristo.

3. Reconocer fallas

Muchas veces este paso puede agobiarnos. No hay que temer. En ocasiones se puede sólo agradecer durante el examen pero el mayor fruto del agradecimiento es reconocer los descuidos en mi relación con Dios. Como la indiferencia, la falta de caridad, los defectos del carácter, mi responsabilidad personal. En todo caso no se trata de enumerar pecados sino de descubrir la causa profunda en mi corazón. Siempre hay áreas en las que somos más débiles y requieren una atención especial.

4. Si hubo fallas graves, hacer pedir perdón

Pido perdón a quienes hoy ofendí. Doy mi perdón a quienes me lastimaron. Me preparo para mi confesión sabiendo que seré perdonado. Recuerdo que Dios es un Padre amoroso que me hace ver el pecado para darme la gracia del arrepentimiento y del perdón. Él me quiere libre. «Nunca se cansa de perdonar».

5. Hacer un propósito para cumplir con su gracia

Si hubo alguna falla grave, veo la manera de corregirla durante el día o el día de mañana. Renuevo mi amistad con Dios, mi deseo de amar y servir, como Pedro, digo: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” (Jn. 21, 17). Pido ayuda a la Santísima Virgen María, mi Madre, y con dolor por mis pecados, hago el firme propósito de no volver a cometerlos.

¡Qué Dios nos permita ver su Presencia, «porque es una Presencia divina la que nos ayuda a ir adelante en nuestra vida»!

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1 Comment

  1. jacky_jesus28@hotmail.com'
    Jackeline
    15 mayo, 2015 at 15:20 — Responder

    Pondré en práctica todos estos pasos … Que son muy sabios … Que Dios siempre los ilumine hermano César …. =)))

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