Pequeño error óptico

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por Lázaro García

Quedóse Augusto fuera de sí, sin darse cuenta de que existía / y cuando sacudió la niebla…(Niebla, Unamuno)

Una buena ocasión la biblioteca atrajo la atención de este ingenuo lector, es decir, escritor, en las inmediaciones de un tiempo libre. Me interesaban los libros con títulos sobre el hombre y el humano como referencia del aspecto filosófico, quizá antropológico. Entonces me detuve en un análisis de un cierto Julián Marías, célebre exponente español del siglo pasado.

El título era “Mors et vita”  y aunque parecía hombre o humano el subtítulo con letras minúsculas encontré que decía Unamuno y las explicaciones del cristianismo ateo.

¿Qué hay de humano en Unamuno? ¿Quién es don Miguel? Un hombre; si él pudiera responder diría que un hombre concreto y palpable inmerso en la humanidad y luchando por salir de ella. Hacerse menos abstracto y perpetuar la singularidad del ser por sí mismo, porque eso es la vida.

Unamuno es un hombre consciente del vivir al sufrir ya que sólo el dolor y la miseria nos hacen comenzar a vivir, quizá un caminante inquieto e infatigablemente racional que se encontró con el muro de la muerte y experimentó esa desesperación esperanzada pueda dar testimonio de una presencia aún no descubierta del todo, del Dios de la esperanza. Fue Él quien vino a traspasar el muro de la muerte.

Ante la pérdida del éxtasis de la creación, de la fragilidad del pensar humano, hoy de acuerdo y mañana disidente, el rector de Salamanca se queda con su soledad en la tragedia de existir en una niebla espesa, en una nívola.

Un genio no cabe en un esquema, es un punto libre en el espacio que marca tendencias nuevas a través de su innovadora óptica. Si el escritor de la Tía Tula o Abel Sánchez hubiera escrito una novela su pensamiento, su realidad en el sueño y su trágico despertar se habrían visto desconfigurados en su expresión y su visión del personaje. De ahí la invención genial de la nívola, la niebla que sumerge al personaje principal y que hace al autor un juguete de sus ficciones y quizá también al lector.

Pero el lector no es sólo un receptor pasivo, es quizá un motor que da vida a ficciones que parecen inertes en el papel y que concluyen su vida en aquella parabólica historia de la nívola mostrando al lector que también su vida, su humanidad, se acabará.

Todos sabemos que este tipo de literatos son conclusiones espléndidas de épocas de filosofía que permean su pensamiento a modo fundamento y referencia. Según Julián Marías y algunos otros conocedores del tema no podemos decir de Unamuno “vitalismo”,” existencialismo”, “escepticismo” sino sencillamente hombre, único, irrepetible y quizá también por su naturaleza intrínsecamente enigmático.

Quizá sea un error sistemático clasificar a los autores, esto nos puede meter en algunos problemas ópticos o quizá en relaciones de palabras que acaban jugando con nosotros y nos hacen pensar que también los tiempos libres acaban.

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1 Comment

  1. virnasoto@gmail.com'
    Virna
    20 noviembre, 2014 at 03:41 — Responder

    Muy bonitos y profundos tus pensamientos
    Lázaro 🙂

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