Pan Nuestro de cada día

“El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios». Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.” (Mc 14,12-14.22-26 / El Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo B)

 

 

Hace un par de días estaba hablando con mi hermano sobre los celulares que usamos. Él usa un iPhone; yo, un Huawei. Hace un par de años mi hermano también usaba celulares con Android, pero ahora dice que no piensa dejar iOS para volver a Android. A pesar de que ya ha usado celulares como Samsung o Huawei, si le dan uno ahora no sabe cómo usarlo: se pierde. Por cierto, a mí me pasa más o menos lo mismo cuando me ponen un iPhone en la mano: siempre tengo que preguntar “cómo se hace esto o aquello…”

A pesar de la incompetencia de mi parte… o de mi hermano… el hecho de que él o yo no sepamos usar uno u otro celular no le quita valor a los celulares. Podríamos estar hablando del iPhone X o del S9+ o del P20 Pro… ¡no importa! Todos sabemos que cualquiera de estos celulares es excelente, lo mejor que hay en el mercado… y que un ignorante no los sepa usar no los hace menos: sólo deja en ridículo al ignorante.

Lo mismo podríamos decir de la Misa… y con más razón: quien no va a Misa o no la aprecia porque “se aburre” es un ignorante. La Misa, la Eucaristía, no vale menos porque no la sepamos apreciar: somos nosotros los que quedamos mal y salimos perdiendo… y en ese nosotros entramos todos, desde el padre que celebra hasta el último fiel que llegó tarde o se fue antes de que terminara. La Misa, la Eucaristía, es el sacrificio de Cristo en la cruz por amor a nosotros, es su victoria contra la muerte, es su gloriosa resurrección de los muertos y ascensión a los cielos: eso siempre tendrá el mismo valor… ¡un valor infinito!

Hoy celebramos, de manera especial, este misterio del Sacratísimo cuerpo y la Preciosísima Sangre de nuestro Salvador. Hoy veneramos el precio pagado por nuestra redención. Hoy nos arrodillamos ante el acto de amor más grande que ha existido. Por eso, hoy es el mejor día para pedirle al Señor que nunca se nos olvide lo que significa una misa, que nos abra los ojos para ver el valor que tiene el Pan Nuestro de cada día, que nos enseñe a vivir la vida con el mismo amor con que Él la dio por nosotros.

 

 

Foto: Justin Tse

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1 Comment

  1. 3 junio, 2018 at 18:11 — Responder

    Esta muy bien vuestro blog, me encanta.

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