Otros Leños

DSC_1034Por Carlos Padilla, L C

Se murieron siete este año. ¡Siete! Tres de ellos me apretaron el alma. Los sacerdotes también se cansan, también se enojan, también se ríen y sí…tristemente, también se mueren.

Pude servir de diácono en alguno de los funerales y veía la marea de personas llorando frente al cura ensotanado, frío y con su leve sonrisa picara, como si presumiera que él ya veía a la Alegría en persona, como dejándonos intuir el encuentro que “en el Otro lado” ya estaba teniendo.

En otoño, el árbol comenzó a deshojarse y con la estación se nos fue el Padre Blazquez. Fue mi director de sección de jóvenes y un modelo puro de predicación. Creo que en resumen me dirigió dos palabras importantes en mi vida: la Palabra de Dios y su palabra favorita: ¡ERES UN INÚTIL! No se llega a ningún sitio sin esta humildad: tenías razón padre, soy un inútil.

Y luego llegó una noticia inesperada y sorpresiva. ¡El padre Miguel Romeo ha muerto en Suiza! Un sacerdote joven, lleno de vida, profundo, sensato y con un dejo de misticismo que cautivaba…el padre Miguel, mi confesor de Roma, pensé. No es justo Señor, pensé. No te entiendo Jesús y esta vez ya no lo pensé, ¡se lo grité reclamando!

Un par de semanas más tarde se “apago” otro grande Legionario, el padre Gregorio. Ya era el tercer leño consumido en la fogata. Dieron luz y calor a muchos, pero su puesto en la hoguera daba pie a otros leños.

La imagen es preciosa, leños nuevos en la gran fogata de la Iglesia. La imagen no es mía, es de José Luis Martín Descalzo. Este sacerdote español (otro leño consumido) narra el génesis de su vocación así: Su tío sacerdote, murió frente a sus ojos mientras llevaba la comunión a un enfermo en la montaña durante un crudo invierno en su Irún natal. José Luis, aún niño, llegó a casa, observó la fogata y concluyó: los leños consumidos dan pie a los leños nuevos, robustos y prestos a dar luz, a dar calor. Yo quiero sustituir el leño de mi tío sacerdote. ¡Aquí estoy!

Mis hermanos sacerdotes se han ido, se han apagado. El último fue el Padre Javier Orozco (qepd), ellos han dejado espacio en la fogata. Y hay que ser realistas y claros: si no hay renovación, el fuego se apaga, sin leños nuevos se está condenado a morir, sin vidas dispuestas a consumirse la luz se extingue.

A Roma hemos llegado 35 nuevos leños que este 13 de diciembre seremos ungidos sacerdotes para siempre. No somos cualificadísimos, no somos unos santos, ni tenemos la estatura espiritual de esos 7 gigantes que este año nos dejaron. Pero eso sí, estamos dispuestos a consumirnos en el fuego de SU AMOR. Si la Iglesia  necesita luz, que cuente con nuestras vidas, no somos la fuente de esa luz pero si la condición para que persista.

Somos 35 jóvenes, somos 35 historias, somos 35 hombres de lo más normales, somos 35 pecadores, somos 35 diáconos que gustosos están por tirar el leño de su vida a la fogata de su amada Iglesia Católica.

No deseamos conservar la vida, deseamos donarla, no tenemos miedo a quemarla, a gastarla, a consumirla para dar luz y calor, pues quien pierde su vida la gana y de qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?

¡No! ¡Nada de salvaguardar la vida, nada de guardarla en un pañuelo! ¡Que la nuestra se consuma como la de esos 7! ¡Qué arda! ¡Que se calcinen las inmundicias de los hombres, que se haga ceniza el pecado, que se purifiquen las almas que confesemos, que Él crezca y que nosotros disminuyamos! Que la vida no sea humo, que sea fuego! pues Él lo ha venido a traer sobre la tierra y ¡cuánto desea que arda!

Predicaremos, celebraremos misas, curaremos angustias, bendeciremos, uniremos familias, arriesgaremos la propia fama, a veces dormiremos poco, comeremos mal, sentiremos la crudeza de la soledad, nos alegraremos con el alegre y lloraremos con el triste, con el que sufre, con el pobre y el abatido. El sacerdote paga con su leño, consumido hasta el extremo siguiendo a quien también consumió su vida en un Madero, el de la Cruz.

El sacerdote, al término de su jornada,  al final de los días de una vocación “in aeternum” sólo le queda la alegría de haberse consumido como Víctima, como Luz, como Hijo.

Aquí me tienes Iglesia, soy un leño, sólo un leño que desea consumirse en tu casa.

En Cristo,

P. Carlos Padilla, LC

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2 Comments

  1. Rosa Martha Grande
    10 diciembre, 2014 at 15:31 — Responder

    que hermosa reflexión, Gracias a Dios por esos nuevos 35 leños generosos, cuenten con mi oración, que darle Gloria a Dios en el servicio sea su alegría.

  2. Alfredo Montes
    10 diciembre, 2014 at 22:14 — Responder

    sin palabras… me ha dejado pensando un buen rato…

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