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Ocho años en treinta páginas.

Brevísima reflexión sobre el «Reglamento para las casas de apostolado».

Dos fechas de referencia: el 19 de Mayo de 2006 y el 14 de Noviembre de 2014.

 En la primera, el Papa Benedicto XVI a través de un comunicado de la sala de prensa del Vaticano, invitaba al fundador de los Legionarios de Cristo a una vida de oración y penitencia, al margen del ministerio público. En la segunda, por medio de un decreto, el actual director general de la Legión de Cristo aprobaba el Reglamento para las casas de apostolado de la Congregación.

En retrospectiva, se podría decir que la primera fecha inició un tiempo de conversión y de cambio. La segunda, lo concluye. ¿En qué sentido? En cuanto que dicho reglamento –un folleto de apenas 30 páginas–, por cuanto sencillo pueda parecer a primera vista, representa el mejor intento de síntesis de la nueva mentalidad, infundida por el Espíritu Santo, en los miembros de la Congregación.

 Los frutos de un largo examen de conciencia institucional, reflejados ya en el Comunicado Capitular y en las Constituciones, reaparecen en los siete capítulos del brevísimo documento, pero aplicados al hábitat propio de los legionarios, a su inserción en el mundo de los laicos.

 Será bueno darle a este pequeño folleto más peso del que ofrece a primera vista. Habrá que asimilar, leyendo entre líneas, el mensaje de constante renovación y conversión en el que tanto nos ha insistido la Iglesia y que nos ha hecho llegar por medio de los padres capitulares.

 Con la aprobación del reglamento concluye, para mí, un período y comienza otro. Treinta páginas que esconden cientos de horas de adoración, oración y reflexión; horas de discusión, confrontación y diálogo; horas de escucha, de conferencias, lecturas y magisterio. Pero sobre todo, treinta páginas en las que rezuma, todavía fresco, el perfume de muchas lágrimas. De unos y de otros.

 Que el Señor bendiga la vivencia de esta síntesis evangélica con la paz, la libertad de espíritu y la fecundidad.

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