Morder el anzuelo

“Y el mar ya no existía más” Después de la gran batalla del Apocalipsis, el apóstol Juan describe un cielo nuevo y una tierra nueva. El triunfo del cordero contra la bestia, da como resultado un mundo nuevo. Pero en este mundo no hay mar. Lo dice en el capítulo 21. ¿Qué significa esto?

El mar en el Génesis (1,21), era el lugar donde habitaban los monstruos marinos. El salmo 104, menciona entre los monstruos que allí se hallaban al Leviatán o Dragón. Más explícito aún es el libro del profeta Daniel, cuando dice claramente en el capítulo 7 que tuvo una visión y del mar salían las cuatro bestias que exterminarían todo. La interpretación tradicional de la visión es sobre todo histórica (eran los cuatro reinos que habían sometido al Pueblo de Israel) pero también apocalíptica.

Los judíos, sobre todo después de la difusión del libro de Daniel, le tenían miedo al mar, o al menos lo relacionaban con el reino del mal, con las tinieblas, con el pecado y con el demonio. Le tenían mucho respeto, más de lo normal.

Vayamos al Evangelio de este domingo. Cristo invita a sus apóstoles pescadores  a seguirle, y lo hace con un llamado del todo original. “Os haré pescadores de hombres”. ¡Qué imagen más rara! –diríamos nosotros. ¡Qué ocurrencia del Señor de comparar a la gente con peces, y a sus apóstoles con pescadores! Si no lo hubiéramos escuchado ya tantas veces, aceptemos que sería una comparación un poco extraña.

Los apóstoles, sin embargo, entendieron al instante de lo que hablaba. Eran judíos. Conocían las Escrituras, al menos de oídas, y más el libro de Daniel. Los estaba invitando a compartir una misión que sólo Dios podía realizar. Pescar al mundo que se encontraba nadando en el mar del pecado, salvarlo de los monstruos marinos que se encontraban en las profundidades del océano, que esperaban como leones rugientes buscando a quién devorar. ¿Quién era ese que se aventuraba a hacerles una invitación de ese calibre? ¿Quién se cree? ¿Qué autoridad para atribuirse el poder de sacar a los condenados del reino del Dragón? Entonces entendieron. El que estaba ahí era el único que lo podía hacer. Era el Mesías.

A veces nos toca pescar, y a veces dejarnos pescar. Lo importante es ser conscientes de que ahora mismo está librándose una encarnizada batalla. La batalla por el alma del mundo, y por la mía y la tuya. Nos cuesta creer que esto sea más que un cuento de niños, o de vaqueros. Pero , si esto fuera cierto, y fuéramos todos peces nadando en el mar de las tinieblas, cuando veas un anzuelo no dudes en morderlo. Puede doler al inicio, pero te salvará el pellejo. Son realidades que no vemos, es verdad. “Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.”

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1 Comment

  1. 26 enero, 2015 at 05:19 — Responder

    Me gustó mucho esta forma de entender el evangelio de hoy domingo

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