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Monedas de Dios

Por Javier Gaxiola LC

DenarioPocos pasajes del Evangelio son tan citados y comentados como el de este domingo: “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Cuando oímos esto, lo primero que se nos ocurre a todos es la trillada interpretación política. Jesús buscaba separar el ámbito cívico del religioso. Por un lado lo que tiene que ver con mis responsabilidades como ciudadano o personalidad jurídica y por otro mis obligaciones religiosas.

En segunda instancia, nos quedamos pasmados de la respuesta del Señor. ¡Vaya frasecita que se aventó! Se lleva de calle a cualquier diplomático con semejante proverbio y se libra de las garras tanto de los herodianos como de los fariseos que estaban buscando meterlo en problemas. Cayó parado, como solemos decir, aprobando el pago del impuesto y rechazando a la vez el culto pagano al César.

El pueblo de Israel había sufrido mucha esclavitud. Primero de filisteos y asirios, luego Egipto, Babilonia, Persia y finalmente Roma. Era normal que los judíos esperaran una rebelión, un levantamiento contra la autoridad romana, una liberación. La frase del Evangelio de este domingo habla por sí sola. Pero conociendo a Jesús, la moraleja de la imagen no se acaba con una simple distinción de escenarios. Y es que es precisamente eso lo que Jesús vino a revolucionar: el Mesías que esperaban no era un libertador de una fuerza política opresora. El Mesías nos venía a liberar de otras cosas.

Cristo responde sabiamente confirmando su misión de libertador, pero no como ellos pensaban. A Tiberio lo de Tiberio, que era el César en aquel tiempo. Pero a Dios lo de Dios. ¿Qué era de Tiberio y qué era de Dios? La respuesta es que de Tiberio no era nada, y de Dios todo. A Tiberio sólo se le debe el impuesto, pero a Dios todo lo demás, porque somos suyos, cuerpo y alma.

Somos monedas de Dios. Todo hombre por más insignificante que parezca, es de Dios, porque tiene grabado en lo más profundo de su ser una “huella”, un “sello divino”, una imagen e inscripción que “a gritos” le reclama la comunión con Dios. Y es esa huella grabada la que nos hace hijos de Dios, desde el recién concebido hasta el más anciano. Desde el más cualificado hasta el más inútil para la sociedad.

Cristo apela a la imagen de la moneda. Pero dejemos que la parábola resuene dentro de nosotros y preguntémonos ¿qué imagen está inscrita en mi interior? ¿A qué imagen fui creado?

San Hilario, doctor de la Iglesia, decía lo siguiente a propósito de este Evangelio: «Conviene por lo tanto que nosotros le paguemos lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios.»

Y es que a veces le damos al César lo que le pertenece a Dios, sólo por la nefasta moda de lo políticamente correcto. Nos conviene recordar que aunque no seamos “moneditas de oro”, somos mucho más que eso. Que el Dios de Israel es también el Dios de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestras obras, sueños e intenciones. Y por más que intentemos, su imagen está acuñada en lo más intimo de nuestro ser. Esa es nuestra verdad, aunque a veces vivamos como si no lo fuera. Y esa verdad, nos hará libres.

Soy mexicano. Me gusta tocar el piano y comer rico. Me encanta escribir y compartir experiencias con amigos. Me gusta viajar y conocer gente nueva. Estoy enamorado de Cristo y la Iglesia Católica por quien vivo y a quien busco servir con todo mi corazón. Soy Legionario de Cristo en formación.

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One Comment

  • Kyra Duarte de gaxiola

    18 octubre, 2014 at 23:52

    Disfruto enormemente de leer todos tus escritos ,tus reflexiones qu siempre me enseñan nuevas formas de entender la Palabra, de aprender a través de ellos. Tengo la fortuna de convivir con tus hermanos legionarios en formación a diario y en cada uno de ellos te veo a ti, algunos te conocen y en la distancia soy parte de tu vida y de la de todos. Gracias a Dios por tu vocación que te hace un ser humano tan pleno, por tu alegría al vivir las enseñanzas que tanto menciona el Papa Francisco . Te queremos toda la familia gaxiola Duarte

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