Archivos

¿Milagro o simple coincidencia?

Por Christian Jaramillo, LC
Fueron meses de discusión, momentos tensos de indecisión, las cosas parecían ir de un lado a otro, pero nada era concreto. Llegó el 2 de abril, una suave lluvia cubría el ambiente selvático. Eran las 10:30 am, hora local, cuando las hélices de helicópteros invadieron el aire. Unas seis horas más tarde, el delegado en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Jordi Raich, confirmaba la entrega de los diez secuestrados. Agregó que los liberados se dirigirían al aeropuerto de Villavicencio en el helicóptero para hacerse los primeros exámenes de salud. Un sueño que parecía más un fantasma de otoños olvidados.
La operación generó expectación e incertidumbres. Sin embargo aquella promesa sí se cumplió. Pese a los enfrentamientos del último mes entre la narcoguerrilla y las Fuerzas Armadas colombianas donde 69 guerrilleros fueron abatidos, entre ellos al menos cinco comandantes, la operación tuvo éxito y los secuestrados más antiguos fueron finalmente liberados.
De hecho para algunos observadores internacionales, el recrudecimiento del conflicto armado podría haber afectado las liberaciones prometidas por las FARC. Pero esto no sucedió. “La historia del conflicto colombiano –los acercamientos y gestos de paz, como estas liberaciones unilaterales– siempre han ocurrido en medio de la guerra”, concluían los observadores. Pero veamos las cosas desde otra perspectiva.
El pasado mes de enero, las reliquias del beato Juan Pablo II llegaron a Colombia. En esa ocasión un grupo de madres de los 10 secuestrados fueron a pedir intercesión para la liberación pronta de sus hijos en poder de las FARC desde 1998.

El proceso para la liberación de estos últimos secuestrados militares, fue toda una epopeya, comenzando por el vaivén del grupo terrorista que movió una y otra vez la fecha de la entrega y los detalles de la misma, además de la necesidad de intervención internacional, condición indispensable pedida por los guerrilleros.
Así, la fecha se movió una y otra vez, el escepticismo ya reinaba en el país, pero por fin las cosas comenzaron a pasar a los hechos. Ilusiones y esperanzas marchitas, con las cuales el grupo había jugado tantas veces, por fin se vieron recompensadas. El 2 de abril la operación tuvo éxito. Y aquí viene la coincidencia, o como lo quieran llamar, en este mismo día siete años atrás el papa peregrino se marchaba a la casa del Padre. ¿Será que aquella petición de enero tiene algo que ver? ¿Será una simple casualidad? Eso lo dejo a cada uno, pero no se puede negar que la mano de este gigante de la fe ha estado cerca de los secuestrados, sus familias y de Colombia.
No olvidemos aquellas palabras, el 1 de julio de 1986, en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto El Dorado, cuando Juan Pablo II pidió a “Cristo, Príncipe de la Paz, que bendiga todos los esfuerzos que Colombia está llevando a cabo para lograr la paz que anhela y que está pidiendo con clamor lleno de esperanza”.
Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario