Archivos

Mi tiempo no es tu tiempo

Y comprendí que aunque estirara con fuerza las ramas de aquella plantita recién nacida no iba a crecer más de prisa. ¿Por qué no crecía al ritmo que yo quería? Creía haberlo hecho todo bien: arar con cuidado la tierra, limpiarla, abonarla, elegir la semilla, regarla… ¿Por qué su progreso era tan lento? Si seguía tirando corría el riesgo de romperla y de truncar así el ritmo natural de aquella vida que acababa de brotar.

Cuántas veces queremos ayudar a la gente a nuestro ritmo, según nuestros cálculos, sin percatarnos de que nuestro tiempo quizá no es su tiempo… Paciencia, respeto, admiración. Actitudes necesarias para un auténtico progreso. Desprendimiento, humildad, paciencia. Redimensionar tus expectativas e intereses para ajustarlos al ritmo de las cosas y de las personas. Confianza, confianza en los planes de Dios para cada alma. Respeto. Respeto a la respuesta misteriosa de la libertad humana, a los acontecimientos, respeto a Dios.

¿Quién soy yo para adelantar los tiempos? Sigue Intentando ayudar, sigue sembrando, abonando, regando y cuando hayas terminado, dedícate a esperar. Disfruta contemplando como el misterio de la vida libre de cada persona se desarrolla  fuera de tu control.

Déjate sorprender por el misterio de cada alma. Observa, espera, confía. Que tus buenas intenciones, a veces impetuosas, no rompan esas ramas aún frágiles que serenamente crecen como deben de crecer. No juegues a ser Dios, no quieras saberlo todo, controlarlo todo. No creas que tu prisa puede hacer el trabajo de aquello que cada persona necesita sin falta: tiempo.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario