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Mi Padre y mi Maestro

“Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».” (Mt 23,1-12 / XXXI Domingo Ordinario A)

 

 

Hace ya algunos días me dio mucha risa un cartel publicitario que vi por la calle. La imagen presentaba a una chica con un vestido nuevo, colorido, extrovertido, que llamaba la atención… no era la de arriba, pero aplica… Una frase acompañaba la imagen: “Atrévete a ser tú misma.” Por último, aparecía el nombre de la empresa que pagó por poner ese póster: un centro comercial.

¡Me pareció ridículo! Puesto en palabras, nos gritan lo siguiente: “¿Querés sentirte diferente, únic@… sobresalir, llamar la atención…? Vení a gastar tu dinero comprando ropa y accesorios en nuestras tiendas… porque lo único que te va a hacer especial es la cantidad de dinero que podás gastar… Al final de cuentas, eso es lo que todos hacen.” Lo más triste no está en la publicidad… sino en que caemos en esta trampa todo el tiempo.

El mundo entero desea vernos sometidos a su querer y voluntad. Juega con nuestra mente y nuestros sentimientos. Sabe que todos deseamos éxito, felicidad, compañía, cariño… Y nos lo ofrece todo: pero no nos enseña la etiqueta del precio. El mundo te dice que podrías tener éxito… a costa de traicionar a tus seres queridos, tus principios, tu pasado. Podés ser feliz, pero cada hora hay que meterle más moneditas a la máquina. ¿Querés compañía, cariño…? El mundo te lo ofrece todo… de todos los colores y sabores…

Y allí vamos nosotros, hipnotizados por este frenesí. Ese deseo insaciable que todos llevamos dentro se vuelca sobre el mundo, buscando llenar, con cosas finitas, un abismo infinito. Y por un rato, quizá nos sentimos satisfechos… Creemos que el mundo busca nuestro bien, nuestra felicidad. Lo empezamos a ver como un padre cariñoso que se preocupa por sus hijos, como un maestro que le enseña a sus alumnos el camino de la vida…

Pero esa sensación nunca dura suficiente. El vacío siempre regresa a asediar nuestro corazón. Y siempre lo hará… hasta que recordemos las palabras de aquel Hombre que, hace 2,000 años, desafió al mundo en un duelo hasta la muerte: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

¿Querés ser únic@? ¿Diferente? ¿Especial? ¿Querés sobresalir? Sólo hay un camino, el Camino… Dios nos hizo a todos diferentes: para Él, cada uno de nosotros es único, especial, irrepetible. Porque Él es nuestro Padre: para un padre, no hay dos hijos iguales. Y Él es también nuestro Maestro: Él quiere enseñarnos el Camino para ser felices, para tener éxito en la vida, para sentirse amados. Y Dios no esconde las etiquetas de los precios: Él ya firmó un cheque en blanco cuando se hizo hombre y nos amó hasta el extremo de dar su vida por nosotros, clavado en una cruz.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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