María nuestra madre

Al tomar esta fotografía, al instante se me ha venido a la mente una canción titulada “Dios te salve, María” del grupo Schoenstatt, que dice: “María, he mirado hacia el cielo pensando entre nubes tu rostro encontrar, y al fin, te encontré en un establo entregando la vida a Jesús Salvador. María, he querido sentirte entre tantos milagros que cuentan de ti, al fin te encontré en mi camino en la misma vereda que yo; tenías tu cuerpo cansado, un niño en los brazos durmiendo en tu paz…”.

Cuantas veces nos olvidamos de la vida silenciosa y oculta de cada una de nuestras madres. Una vida que está llena de sacrificios y sufrimientos por causa del amor que nos han tenido. Sufrimientos que se vuelven alegría al ver a sus hijos crecer, sonreír, darles un abrazo y decirles un: te quiero.

María también se alegra con nuestras alegrías y se entristece con nuestros sufrimientos. Ella siempre está con nosotros, nos mira con amor, intercede ante Dios por cada uno de nosotros, sus hijos muy amados.

Al igual que en la canción, la podemos encontrar cerca de Jesús, en nuestro mismo caminar. A ejemplo del Niño Dios podemos dormir en su paz, en esos sus brazos abiertos que nos esperan con ansia, mientras nos dice como a San Juan Diego: “No temas. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”

Pensar en nuestras madres, darles un fuerte abrazo y decirles un sincero “gracias”, sería lo mínimo que podríamos hacer en acción de gracias por todo lo que han hecho y hacen por nosotros.

¡Gracias, mamá!

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