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Lo que aprendí en un lugar de la Mancha

“El Quijote”. La simple mención de este nombre me aterraba. Para mí significaba un libro grueso, pesado, y con un lenguaje que se me presentaba indescifrable. Un montón de páginas que me perseguían en sueños mientras una voz cavernosa susurraba: “tienes que leerlo”. Creo que el problema empezó cuando a los 13 años lo abrí por primera vez, guiado por la curiosidad. Empecé con la ya conocida frase de “En un lugar de la mancha…” pero cuando llegué al tercer párrafo cerré el libro esperando nunca volverlo a abrir. Tuvo que esperar a mis estudios de humanidades para que le diera una segunda oportunidad.

Así que allí estaba yo con el enemigo entre las manos. Antes de empezar a leer tomé una determinación: quería leer el libro como si no supiera nada sobre él, dejar que me impresionara. Incluso busqué quitarme mis prejuicios modernos sobre el idioma. Deseaba ser un juez imparcial.

Una vez que hice eso pude disfrutar del libro. Me reía con sus escenas cómicas y me sentaba a los pies de Don Quijote a escuchar sus sentencias tan elocuentes como enloquecidas.

Encontré un increíble mundo donde menos esperaba encontrarlo: en donde siempre me decían que lo encontraría.

Me pregunté: ¿Qué pasaría si trasladará esta actitud sin prejuicios a mi vida cotidiana? Ciertamente muchas cosas cambiarían. Hay algunos prejuicios que tenemos muy arraigados. Uno de ellos es que creemos que las cosas no están donde siempre se ha dicho que están, y a veces  nos equivocamos.

Siempre he oído que el éxito se encuentra en el trabajo duro, pero prefiero buscarlo en los golpes de suerte. Siempre me han dicho que el cambio empieza en mí, pero sigo excusándome en la actitud de los otros. Siempre me han dicho que la paz la obtendré en la oración humilde, y todavía intento obtenerla mediante técnicas de relajación.

El quijote me enseñó que muchas veces busco el lápiz en todos lados, siendo que lo tengo en la mano.

Soy un religioso legionario que se prepara para el sacerdocio. Estoy enamorado de mi vocación y de mi familia religiosa. Me encanta leer y compartir lo que leo. Disfruto mucho del arte. Mi hobby: cocinar. Persona a la que admiro: Benedicto XVI. Sueño: Re-evangelizar la cultura.

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