Les hablaba en parábolas – LC Blog

Les hablaba en parábolas

“Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra». Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.” (Mc 4,26-34 / XI Domingo Ordinario B)

 

Todos hemos pensado alguna vez en lo que significaría haber vivido en el tiempo de Jesús: estar allí, en el lago de Galilea; sentarse en la montaña a escuchar sus sermones; conocer al paralítico que Él curó… Siempre tendemos a argumentar lo mismo: “si yo hubiera estado allí, todo sería diferente…” Creemos que haberlo visto o haberlo escuchado nos aumentaría, al instante, la fe y la voluntad de seguir el camino de la santidad.

Pero la historia nos dice lo contrario: miles de personas convivieron con Jesús, lo siguieron, lo ensalzaron… y, de todas maneras, lo crucificaron. ¿Qué tenemos de diferente nosotros? ¿Por qué no haríamos lo mismo en circunstancias iguales? Si ahora no busco más a Jesús, no lo sigo más de cerca, ¿qué me hace pensar que sí lo haría en aquella época? Y lo peor es que no nos damos cuenta de que nuestra situación actual es mucho más favorable que entonces…

Jesús les hablaba en parábolas. A las multitudes, no les explicaba cada detalle. Y muchos no veían los milagros de primera mano, sino que se enteraban porque alguien más se los contaba. Hoy día, nosotros estamos mucho mejor que la mayoría de personas de aquel tiempo. Nosotros tenemos las parábolas de Jesús y sus explicaciones, reservadas para sus amigos más cercanos. Además, tenemos 2,000 años de más comentarios y explicaciones de parte de santos y doctores de la Iglesia. Quizá alguno de nosotros ha recibido la gracia de uno de estos milagros apabullantes que todos pedimos… pero está claro que todos hemos escuchado cientos milagros alrededor del mundo y a lo largo de la historia, incluso de gente cercana a nosotros.

En vez de estar deseando vivir en circunstancias diversas, deberíamos aprovechar mejor las que tenemos. En vez de querer estar allá en Galilea escuchándolo, deberíamos abrir nuestros oídos en nuestra vida diaria. En vez de soñar con milagritos innecesarios, deberíamos reconocer los milagros que ya suceden a nuestro alrededor todos los días. ¡En vez de querer vivir con Jesús hace 2,000 años, en el pasado; deberíamos  vivir con Él hoy, aquí, en el presente!

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