Les abrió los ojos

“Estaban hablando de estas cosas [aparición a discípulos de Emaús], cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».” (Lc 24,36-48 / III Domingo de Pascua B)

 

 

Me encanta aprender. Y me encanta quizá aún más poder ayudar a otros a aprender esos tesoros que he descubierto entre las páginas de la vida, en los rincones de los libros, corriendo en Internet… Al estar explicando un tema, basta ver la cara, los ojos de la otra persona, y uno sabe si entendió o no. A veces, responden: “sí, entendí…” pero algo en el tono de voz, los ojos opacos o la cara de perdido, te dice todo lo contrario. Y cuando menos nos lo esperamos, se escucha: “¡Aaaahhhh, ya entendí!” Ahora sí… ya entendió.

Lo mismo les pasaba a los apóstoles. Jesús les dijo, se lo volvió a decir, se lo repitió y se lo volvió a explicar… y ellos no entendían que Él tenía que sufrir y morir, para después resucitar de entre los muertos. Sufrió y no entendían murió y no entendían. Resucitó de entre los muertos y no entendían.

Gracias a Dios, Jesús sabe que somos medio lentos. Por eso, le da una mano a sus discípulos; por eso, les abre los ojos, les ilumina el entendimiento. Hay verdades que superan nuestro intelecto: no están en contra… están más allá de nuestra capacidad, años luz más allá.

En la cuaresma, le pedimos al Señor que nos enseñara a vivir el sufrimiento, que nos concediera acompañarlo en su pasión. Ya llegó la pascua. ¡Cristo ya resucitó! Pero no nos la terminamos de creer… por eso pidámosle fe, pidámosle que nos ilumine el entendimiento, pidámosle que nos abra los ojos. Sólo así, con su gracia, podremos exclamar: “¡Aaaahhhh, ya entendí!”… y empezaremos a vivir una vida nueva, habiendo resucitado con Cristo.

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