Archivos

Las Obras de Misericordia (VIII)

Una sabia forma de ahorrar dinero son las cuentas a plazo, donde las personas van depositando sus bienes recibiendo mayores intereses, pero ellas sólo pueden disponer de ese dinero en determinadas fechas. Guardando las distancias, podemos decir que las obras de misericordia son como ese tipo de cuentas. Estas obras nos ayudan en nuestro camino hacia el cielo y nos permiten ir ahorrando, ir almacenando méritos, para que podamos hacer uso de ellas a la hora de rendir cuentas a Dios.

Jesucristo nos dice: “no se hagan tesoros en la tierra, más bien, acumulen tesoros en el cielo” (cf. Mt 6,19-20). Es por esto que Pablo VI insistía tanto a los religiosos para que vivan y transmitan estas obras de caridad: “los institutos religiosos han de realizar una importante tarea en el marco de las obras de misericordia de asistencia y de justicia social… siempre atentos a las exigencias del Evangelio” (Discurso a los Grupos de Notre Dame, 4 mayo 1970). Me permito extender esa invitación a todos los cristianos, no sólo a los religiosos, pues estas obras son fundamentales para hacer apostolado y estar preparados para el cielo.

Continuando nuestra serie de artículos, hablaremos ahora sobre la cuarta obra de misericordia espiritual: perdonar las injurias. En el Padrenuestro, rezamos: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” y un poco más adelante del Evangelio leemos una profundización de estas palabras: “queda bien claro, que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes” (Mt 6,14-15). Estas palabras nos pueden parecer confusas, se ven como una amenaza de Dios al hombre. Lo que no hay que olvidar es que Dios es Misericordia, es Amor, y por ende jamás nos dejará solos. Nos perdonará en la medida que nosotros estemos abiertos a recibir el perdón; esto por aquello que nos ha creado libres y él, por amor, respeta nuestra libertad: si no aceptamos el perdón de Dios, recordemos que Dios también es Justo.

Quizás podríamos decir que perdonar las ofensas de los demás es la obra de misericordia más costosa. Tan es así que san Pedro, el primer Papa, sale al paso y le pregunta a Jesús: ¿cuántas veces debemos perdonar” (Mt 18, 21), pero Jesús, al ver que no había entendido, le responde: “hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). El número 7 en aquella época se refería a la plenitud, a la totalidad (la creación se ha realizado en 7 días). El número 10 quería decir una grandeza inmedible. Por lo tanto, decir “setenta (10 x 7) veces siete”, es algo que no tiene límites, en otras palabras, debemos perdonar siempre. También nos pide Jesús: “amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores” (Mt 5,44).

Perdonar las injurias de los demás quiere decir hacerlo de corazón. Debemos buscar olvidar lo que se nos ha hecho. Las palabras “rencor” o “venganza” no forman parte de este perdón. Ciertamente no es fácil hacerlo, pero presento dos grandes ejemplos que nos pueden ayudar. En el Antiguo Testamento está José, quien fue vendido por sus hermanos, y en un momento de crisis, cuando sus hermanos le piden alimento (sin saber que era él), José se les manifiesta y les perdona como si nada hubiera pasado (cf. Gen 45). Y luego, en el Nuevo Testamento, donde se cumple y se perfecciona el Antiguo, tenemos el ejemplo del mismo Jesús, quien minutos antes de morir, fue capaz de gritar: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

La quinta obra de misericordia espiritual es consolar al triste. Se asemeja a la obra corporal de visitar a los enfermos, pues necesitan consuelo y el cristiano está llamado a darlo. Su base evangélica la podemos encontrar en las Bienaventuranzas: “felices los afligidos porque Dios los consolará” (Mt 5,5). Ciertamente no basta con decir a la gente “no llores”, sino buscar las palabras de motivación precisas (para esto puede ayudar la oración y el rezo de los Salmos) e incluso a veces sólo será necesario el acompañamiento, el no dejar sólo al otro.

Soy chileno de la Congregación de los Legionarios de Cristo. Nací en el año 1986 en la ciudad de Santiago y estudié en el colegio Cumbres de Chile. A los 12 años me di cuenta que Dios me llamaba para el sacerdocio y a los 14 entré al Centro Estudiantil, para comenzar mi preparación sacerdotal. El 2005 fui a Brasil para hacer el Noviciado por dos años. Hice mi primera profesión de votos el día 25 de febrero de 2007. Por seis meses ayudé en la pastoral juvenil y en la promoción vocacional en Porto Alegre, visitando y dando charlas en diferentes ciudades. A mediados del 2007 viajé a Estados Unidos para estudiar un año de humanidades y ciencias clásicas en Cheshire, Connecticut. En septiembre de 2008 comencé la filosofía en Thornwood, Nueva York. Luego de conseguir el Bachillerato en Filosofía, en julio del año 2010 fui a España por tres años para trabajar en la pastoral juvenil de Sant Cugat y Barcelona, siendo también administrador de los clubes Faro de ambas ciudades. El 27 de marzo de 2012 hice mi Profesión Perpetua. Desde agosto del 2013 vivo en Roma, donde estudio Teología y colaboro en la administración en la Sede de la Dirección General.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario