Las Obras de Misericordia (VII)

    En este nuevo artículo sobre las obras de misericordia espirituales, nos centraremos en el dar buen consejo al que lo necesita y corregir al que yerra. Ciertamente ambas se relacionan, pues las dos buscan el bien de los demás para que aprendan algo nuevo, sean mejores personas y poderles ayudar a ser más amigos de Cristo.

   Ciertamente todos necesitamos de buenos consejos para recibir una orientación sabia y tomar decisiones en la vida. Pedir consejo es preguntar, conferir y determinar sobre algo que se debe hacer. Los apóstoles se acercaron varias veces a Jesús para consultarle cosas como: ¿por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” (Mt 17,19). Para los cristianos, el consejo es ver el camino bajo la luz de la Palabra de Dios: “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Tim 3,16-17).  El consejo se puede recibir directamente de la Biblia o también de una persona madura en la fe: “los guías espirituales brillarán como resplandor del firmamento” (Dan 12,3). Es así, como todos nosotros estamos llamados a ser maduros en la fe y todo aquel que es capaz de dar un consejo en sintonía con Dios, podrá cumplir con esta gran obra de misericordia.

     El origen del corregir al que yerra, lo vemos revelado varias veces en las Escrituras. En Mt 18,15, por ejemplo, encontramos: y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano”, en otras palabras, es el mismo Cristo quien nos invita a corregir a los demás, siempre y cuando busquemos el bien de nuestros hermanos. Hoy en día, se ha hecho famoso el bullying, que no es otra cosa que reírse de los defectos o fallos de los demás, mientras que el buen espíritu cristiano nos invita a algo totalmente opuesto, que es ser misericordiosos con el que falla y corregirle fraternalmente para que no lo vuelva a hacer. Santiago termina su carta dejándonos un conejo: “el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados” (St. 5,20).

     Vivimos en un mundo que nos da muchas oportunidades para aconsejar y/o corregir a los demás. La tendencia mundana nos invita a encerrarnos en nosotros mismos, a pasarlo bien sin importar las consecuencias y a no analizarnos personalmente para ver si hacemos o no el bien. Esto quiere decir, que nadie es exento de desviarse del buen camino, y por lo tanto, todos necesitamos de buenos consejos o de alguna corrección. Ahora, para aconsejar o corregir a alguien es necesario analizarse primero a uno mismo: ¿cómo puedes decir al otro: hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo, cuando tú mismo no ves la viga que está en el tuyo?(Lc 6,43). Además, Jesucristo también dijo: “si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un pozo” (Mt 15,14), refiriéndose a la ceguera espiritual que todos podemos tener si nos alejamos de Dios.  Es por eso que los cristianos estamos llamados a ser luz para los demás. Si no irradiamos la luz de la Verdad, que es Cristo, ¿cómo iluminaremos a los demás?, ¿o qué luz les daremos? San Pablo también nos aconseja sobre cómo corregir a los demás, y nos dice: “hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gal 6,1).

      Además de analizarnos a nosotros mismos, también debemos tener en cuenta el cómo aconsejar y/o corregir, pues se requiere humildad por ambos lados: quien da la aportación y quien la recibe.  Hay que ser prudentes a la hora de acercarse al otro, buscando ofrecer nuestra ayuda y no que sea algo forzado. No olvidemos que el corazón misericordioso busca el bien del otro, por lo tanto, es recomendable ver ¿cómo está nuestro receptor?, ¿cómo recibirá nuestro comentario?, ¿le ayudará?, ¿es el mejor momento para dárselo o se encuentra indispuesto a recibirlo en este momento? ¿Seré objetivo al momento de ayudarle o hay alguna pasión que debo calmar antes de decirle lo que veo conveniente? Son preguntar que nos pueden ayudar a dar cristianamente un buen consejo o corrección. Por lo tanto, antes de dar el paso, es bueno pedir luz al Espíritu Santo para que nuestra acción termine en buen fruto.

     Si me permiten, termino el artículo con un consejo: “escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días” (Prov. 19,20).

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