Las Obras de Misericordia (IV)

Continuando con nuestra reflexión sobre las obras de misericordia corporales, profundizaremos en el dar posada al peregrino y vestir al desnudo. Como hemos visto en los artículos anteriores, todas estas obras están fundamentadas en los Evangelios y son una invitación de Cristo para que le imitemos y seamos santos. Jesús, la misericordia en persona, nació en un pesebre pobre y desnudo, porque nadie le dio posada, y ahora es Él quien nos invita a vivir estas obras de caridad enseñándonos que le encontraremos en el prójimo.

Pensar en dar posada a los peregrinos puede sonar a algo arcaico, sin embargo, aún existen cristianos que se toman muy en serio esta acción. Si hacemos el Camino de Santiago, por ejemplo, pasaremos por muchos albergues que acogen a los peregrinos que vienen cansados del camino. Y lo mismo en muchos de los lugares cercanos a los diferentes santuarios. Todas esas personas ven a Cristo en ese caminante que busca a Dios peregrinando hacia un lugar santo y se lanzan a ayudarles con bebida, comida y un lugar digno para descansar y asearse. Ciertamente es difícil que actualmente alguien toque las puertas de una ciudad para pedir posada, pero sabemos que hay mucha gente que duerme en la calle o debajo de un puente, para refugiarse del frío. ¿Qué podemos hacer para aceptar la invitación de Jesús? Ayudar a esas personas no necesariamente es llevándolas a la propia casa, pues ¿quién haría eso?, pero sí tratándoles con la dignidad que merecen: sonreírles, saludarlos, conversar con ellos, regalarles comida o ropa, hacerles sentirse respetados y aún mejor, facilitarles las cosas para que tengan un lugar digno donde dormir, como por ejemplo, un centro de acogida. A fin de cuentas, todos somos peregrinos, caminamos hacia el cielo, por lo tanto, no nos olvidemos de esta obra de misericordia. San Pablo nos decía: “no dejen de practicar la hospitalidad, pues algunos dieron alojamientos a ángeles sin saberlo” (Heb. 13,2).

Pasando a la segunda obra: vestir al desnudo, vemos su fundamento en la frase: “el que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene” (Lc 3,11). Muchas veces las obras de misericordia se relacionan (ya hablamos de dar alimento, bebida o vestido al peregrino), y esto es porque en el pobre está Cristo esperando que le ayudemos: “os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). El vestido es parte de la dignidad de ser hijos de Dios y todos deberíamos tener con qué cubrirnos. Hay muchos santos que nos dan ejemplo en esto, pues fueron capaces de contentarse con lo necesario para vivir y el resto lo repartían entre los pobres. ¿Cómo podemos vivir esta obra de misericordia? Primeramente es fundamental ser conscientes de que hay personas necesitadas. Al comprar ropa, por ejemplo, podemos pensar en una persona necesitada, pero en concreto, no en general (la que suele pedir dinero en tal sitio) y comprar una prenda más o gastar menos de lo que habitualmente gastaríamos, para que con la diferencia, podamos ayudarla. Otra manera es regalar la ropa en buen estado que no usemos, ya sea directamente o entregándolas a los centros que se encargan de repartir ropa usada. ¿Cuántas cosas tenemos en nuestro armario sin utilizar?

No olvidemos que en el pobre está Cristo esperando que le ayudemos. Preguntémonos: ¿qué haremos para vivir estas obras de misericordia?

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1 Comment

  1. blanca jauregui
    23 febrero, 2016 at 17:54 — Responder

    Gracia.
    tener o dar caridad no cuesta nada solo atreverse a misericordia y compartir lo q Dios ya nos dio.

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