La voz redentora de Cristo

La voz redentora de Cristo es una voz que me llama al corazón y despierta mi alma. Una voz que me transforma y me desata de las ataduras y cadenas del pecado y de la muerte. Es una voz que me dignifica, que me perdona y me fortalece. Una voz que me llena de esperanzas, que me levanta y me hace nacer a una vida nueva. Es una voz llena de amor que me lleva al Cielo. Una voz que me llena de alegría, que me restaura y me colma con sus gracias. Es una voz que me lleva a la plenitud y me abre todas las puertas y candados de mi corazón. Es una voz que me hace ver su Amor por mí y llena de sentido mi vida.

Señor, quiero escuchar tu voz redentora en mi corazón. Dame la gracia de escucharte y de dejarme conquistar por Ti, por tu amor. Tú, que nunca te olvidas de nadie, enséñame a nunca olvidarme de tu Amor por mí. No quiero hacer caso a otras voces que no me lleven a Ti, Señor. Tú eres el Buen Pastor y conoces a tus ovejas. Les llamas cada una por su nombre. Quiero escuchar tu voz, Señor. Tu voz me hace reconocer que soy Tuyo, que Tú eres mi Pastor y que has dado la vida por mí.

Tu voz me hace recordar las innumerables veces que dejaste las noventa y nueve ovejas y fuiste a buscarme, a rescatarme de los abismos de esta vida, de otros caminos que me separaban de Ti. Tu voz me recuerda el cariño y la alegría de todas las veces que me llevaste en tus hombros y me sentía que solo me pertenecía a Ti.

Tu voz me guía, me ilumina. Quiero escucharte, Señor. Quiero estar contigo siempre. Tú me conoces, conoces mi corazón, conoces mis talentos y mis debilidades. Solo quiero a ti, Señor. Solo quiero estar contigo. Solo quiero pertenecer a Ti, a tu rebaño. Tú eres mi Buen Pastor y nada me falta. Contigo tengo todo. Contigo jamás temeré. Guíame, Señor. ¡Llévame a Ti!

Esta voz que un día me creó es la misma voz que un día me llamó por mi nombre haciéndome hijo de Dios. Es la misma voz que me orienta en mi camino y quiere que a través de mí otros corazones la escuchen. Esta voz es la misma voz que en la “mansión de los muertos” llamó a Adán y a todos los justos y fieles que aguardaban la venida del Mesías. Esta voz es la que me llevará al cielo, a la felicidad perpetua.

Señor, que escuche tu voz en mi vida y sea dócil a lo que tú me digas, para que no sea yo, sino Tú que vivas y obres en mí.

Tu voz es algo misteriosa. Para escucharla hay que aprender el idioma del amor, hay que conocer el lenguaje del amor. Habla a mi corazón, Señor, quiero escucharte. Enséñame a escucharte y a ser dócil a lo que Tú me digas. Tu voz llena de sentido mi vida, me fortalece y me transforma. Señor, habla a mi corazón y que nunca pase indiferente o sordo a tu voz.

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