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La verdadera Estatua de la Libertad

Por Matías Garmendia, L.C.

statueoflibertyCuando yo era niño siempre pensaba que la Estatua de la Libertad era una imagen de María. ¡Qué santa inocencia ignorante! Hoy, después de haber estudiado por dos años en los Estados Unidos, vuelvo mi mirada a ese magnífico coloso del mundo moderno, y mi pasado error me suscita el remordimiento y la curiosidad por la semejanza entre esta estatua universal, tal vez la más famosa del mundo, con aquel otro ícono todavía más grandioso, la Santísima Virgen María. Descubriendo poco a poco la historia de este monumento maravillo se ensayan rasgos muy comunes con la Madre de Dios.

La Estatua de la Libertad fue un regalo de los franceses al pueblo americano para celebrar al centenario de su independencia y como símbolo de amistad entre ambos pueblos. María es un regalo de Dios a los hombres por el cual nos llega Cristo, Nuestra Redención, y permanece como puente de amistad entre Cristo y nosotros sirviendo de medianera de todas las gracias.

La figura americana aparece “iluminando al mundo”. María nos ilumina trayéndonos a Cristo. Ésta apunta al Este, naciente del Sol; María, a Cristo, Nuestra Pascua. La imagen detiene a sus pies unas cadenas rotas, símbolo de la libertad; la Madre del Salvador aplasta la cabeza de la Antigua Serpiente, realidad de la victoria sobre el pecado y la muerte.

Las dos tienen una corona, una representando los siete continentes, la Otra, afirmando la potestad de Dios. En su mano izquierda, la Estatua mantiene la tablilla con la fecha de independencia de los Estados Unidos; el lema de María es “Hágase en mí según Tu Palabra”. La antorcha del monumento está recubierta de oro; María es llena de la gracia de Dios.

Las personas realizaron todo tipo de evento para recaudar lo necesario para su edificación del Coloso; y así también, la Iglesia celebró hasta Concilios para entender el misterio de la acción del Todopoderoso en María, y los hombres para venerarla le edificaron grandiosas catedrales.

Una placa dedicada a este Coloso imperial, plantada a sus pies, canta así a la imagen:

<<Aquí en nuestras puertas del ocaso bañado por el mar se erguirá una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama es el relámpago aprisionado y su nombre es Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano brilla la bienvenida para todo el mundo, sus templados ojos dominan las ciudades gemelas… Ella grita: “Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar libertad… Enviadme a mí estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades. ¡Yo elevo mi faro detrás de la Puerta Dorada!>> (Emma Lazaruz, The New Colossus,  1883)

Ahora detengo mi mirada atónito en aquella mujer parada sobre el agua, y sigo pensando por qué esta, todavía hoy, me puede evocar la presencia de María.

Soy un seminarista argentino. Gracias a Dios y a la Legión de Cristo, he seguido mi camino de preparación al sacerdocio en Brasil, EE.UU y actualmente en Italia, donde estoy cursando la filosofía. Comparto varias pasiones con el Papa Francisco... como el fútbol y el mate, pero la que más nos une es el amor al Señor y a su Santa Iglesia. Por favor te pido que reces para que sea un santo sacerdote.

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