La verdad te hará libre

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—“Lance, ésta es una historia épica: ¿sabes cuál espero que sea la moraleja de todo esto para tu vida?, lo mismo que te dijo Kristin [su ex−esposa] en el 2009: ´la verdad te hará libre.´”—

—“Si… si” —respondió Lance con el semblante reflexivo masticando de alguna forma la afirmación que acaba de hacer— “ella me lo sigue diciendo todo los días”.

Esta fue la última intervención que la presentadora estadounidense Oprah Gail Winfrey hizo en la tan esperada entrevista que el ex−ciclista Lance Armstrong le concedió el pasado 17 de enero. En ella, Armstrong admite las acusaciones por las que durante más de trece años fue objeto; especialmente en el uso de sustancias prohibidas como el EPO (eritropoyetina), testosterona, cortisona y esteroides, además de inducir a su equipo a consumirlos para así conquistar por siete veces consecutivas el circuito más prestigioso del ciclismo: el Tour de Francia.

Se le ha atacado a Lance de crearse una máscara que reflejaba una personalidad generosa y ejemplar, lo cual él mismo admite en dicha entrevista. Se le ha calificado también de traidor hacia su equipo de trabajo, y de un mentiroso que desarrolló, como lo afirma la USADA (Agencia Antidopaje de los Estados Unidos, por sus siglas en inglés) en su informe final de las acusaciones: “el sistema más sofisticado de dopaje en la historia del mundo deportivo”.

El antes multicampeón del circuito francés se mostraba nervioso y reflexivo ante las preguntas que su entrevistadora le planteaba. La tensión era evidente, y la verdad que guardó en lo profundo de su alma durante su trayectoria, por fin salió a la luz. Ha llegado el momento esperado: la declaración.

  • “Por el momento, me gustaría que contestaras sólo sí o no ¿de acuerdo?”— menciona esto la conductora al tiempo que hace mención de la necesidad de hablar con transparencia, “sin tapujos”.
  • La conductora decide ir al grano: — “¿Has tomado alguna vez sustancias prohibidas para mejorar tu rendimiento en el ciclismo?”—
  • “Sí…”
  • “¿crees que es humanamente posible ganar al Tour de Francia siete veces seguidas sin doparse?”
  • …pasan unos segundos y Lance, con dificultad logra emitir una negativa: —“No… en mi opinión”—.

Ante todo este panorama, y reconociendo las consecuencias tanto morales como profesionales que le acarrearon sus actitudes, Lance declara: —“estoy pagando el precio y esto me parece bien…no quiero dar excusas ni culpar a nadie… no me daba cuenta de que estaba haciendo algo mal cuando ganaba; de que hacía daño a los demás cuando los atacaba… eso lo más tenebroso [the scariest] de mí […]  soy más feliz hoy en día que cuando hacía todo eso antes. Soy más feliz ahora, no ayer”—.

Lance al fin de cuentas descubrió su error y se deshizo de ese “capullo arrogante”; de esa “gran mentira”, como él mismo denominó a su forma de actuar. Lo del “capullo arrogante” lo dice mientras la conductora le presentaba —por medio de una televisión ubicada frente a los asientos que ocupaban ambos— una entrevista que el propio Lance concedió en el año 2005. En esta aseguraba bajo juramento no haber consumido sustancias prohibidas en el transcurso de su carrera como ciclista.

—“Veo a ese tipo de la televisión y ahora me da risa”— comenta Lance refiriéndose a él mismo al observarse en la televisión—.

—…“Me quedé asombrada por algunas de las respuestas que él daba. No esperaba ese nivel de sinceridad durante las dos horas y media que estuvo conmigo” — comentó la presentadora al expresar sus reacciones posteriores a la entrevista con el deportista —“Ha sido una de las entrevistas más importantes en mi carrera”—.

Esta es la historia de Lance Armstrong. Como esta historia encontramos muchas otras parecidas en el mundo del deporte; donde el ganar a toda costa prevalece por encima del triunfo esforzado y limpio. Son historias de caídas estrepitosas. Sí: caídas a niveles tan altos como la posesión de marcas mundiales o la conquista de la presea dorada, pero: ¿qué es lo que mueve a estos deportistas a hacer lo que hacen? ¿El afán del dinero? ¿De la fama? ¿Acaso el querer salir desesperadamente de una situación económica en la que sólo se puede advertir un futuro mediocre e incierto? ¿El deseo de superación que se desborda de sus límites impidiendo el poder controlarlo?

El Licenciado en ciencias de la comunicación y Maestro en Mercadotecnia Eduardo Ario Rodríguez Garza, comenta que “uno de los errores que ha cometido el mundo comunicativo es lanzar a los deportistas a un mundo promocional al cual no están preparados, lo que hace que el mismo deportista se cree una, dos o tres realidades de sí mismo ante la sociedad, lo que acarrea, si al deportista le sobrepasa ese mundo, la necesidad de volver a plantearse juicios éticos que ya estaban superados”.

Enero del 2008. Marion Jones, ganadora de cinco medallas en los juegos olímpicos de Sydney en el año 2000, rompe el silencio. Frente al jurado y después de haber declarado el uso de sustancias prohibidas durante la edición de los Juegos Olímpicos en Atenas en el año 2004, la velocista admite el uso de Tetrahidrogestrinona (THG) y EPO.

—“Me encuentro aquí con gran vergüenza delante de ustedes para decirles que he traicionado su confianza […] les pido que me tengan compasión como ser humano que soy […]” —declaró en las afueras de la Corte de Distrito de Estados Unidos, momentos después de escuchar su sentencia de dos años de suspensión de prácticas deportivas, y seis meses en la cárcel con dos años de libertad condicional.

Ella no fue la única en su familia que recurrió al dopaje. Su esposo y también velocista Tim Montgomery, ganador de la medalla de oro en relevos 4×100 durante las Olimpiadas de Sydney y campeón del Grand Prix en París, el cual obtuvo una marca de 9.78 segundos en cien metros planos. Después de serias investigaciones se descubrió que llegó a consumir anabólicos, además de estar involucrado en el mercadeo de drogas y de realizar transacciones bancarias con cheques falsos.

Otro de los casos más sonados fue el de Ben Johnson, velocista canadiense que durante el campeonato mundial de atletismo en 1987 y en la edición olímpica de Seúl en 1988, logró batir marcas mundiales en la disciplina de los cien metros planos, pero fueron opacados por sus escándalos al utilizar, además de estimulantes energéticos, hidroclorotiazida, sustancia que permite ocultar los mismos energéticos que utilizaba al momento de someterse a las pruebas antidopaje.

Así como estos se pueden presentar otros muchos casos de deportistas que han recurrido al uso de sustancias estimulantes para mejorar su desempeño en sus disciplinas para conseguir el triunfo… y la fama.

El problema aquí es si los medios de comunicación, además de presentar estos hechos, logran tener una visión de conjunto sobre la vida de estas personas, para poder comprenderlos y no emitir juicios, si no equivocados y en algunos casos incompletos, duros en el sentido de que no permiten a la persona poder levantarse del problema en el que se metió y emprender un camino nuevo que lleve al cambio y a la superación de la persona ¿Alguna vez nos hemos colocado en el lugar de estos atletas, es decir: de sus problemas y de sus luchas? Ciertamente que en no pocos casos contestarían de manera negativa. Pero creo que ahora es el mejor momento para hacerlo. Volviendo al caso Armstrong ¿qué haría cada uno de nosotros al estar en una situación de vida o muerte en la que, o se decide morir, o se hace lo que se tiene al alcance para lograr sobrevivir? ¿No pediría uno en una situación así, el apoyo necesario para recuperarse y seguir teniendo una vida útil? ¿No estaría pensando cada uno en vivir a toda costa?

—“Recuerdo que la primera vez que vi a Lance Armstrong fue en el último Tour de Francia que ganó” —menciona Pedro Mantino, sobreviviente del cáncer y beneficiado por la fundación Livestrong, que el mismo Lance instituyó—. Luego, comentando sobre su estado de ánimo al someterse a tratamientos para contrarrestar el cáncer de testículo dice: — “Fue un golpe durísimo porque uno pierde una de las cosas más importantes para una persona… la libertad. Es muy duro hacerse a la idea de que tu vida va a depender de una máquina, que ya no eres autosuficiente¨. No eres libre de salir del país, no eres libre de viajar sin avisar con una semana de anticipación a otro centro de diálisis que te tiene que confirmar que tiene una máquina para vos”—.

—“Nunca se me pasó por la mente la posibilidad de morir, odiaba el cáncer y quería destruirlo, lo veía como a otra persona y no como algo que formaba parte de mí. Lo iba a matar, así me costara casi morir yo mismo. Recuerdo que luego de la quimioterapia estaba tan cansado que me daba trabajo respirar, pero no me iba a dejar ganar… no podía”.

Pedro Mantino estuvo luchando contra un cáncer que se le complicó esparciéndose por todo su cuerpo, pero gracias al contacto con Livestrong, pudo luchar contra el cáncer y vencerlo:

—“El cáncer me enseñó a vivir, me enseñó lo que son las cosas importantes de la vida y sobre todo me llevó a la Fundación Livestrong”—.

Lance Armstrong ocultó el uso de esteroides durante su carrera profesional. Ahora acaba por confesarlo todo en una entrevista. ¿Qué le deparará el futuro para Lance? ¿Acaso una muerte en vida, condenado a ser señalado con el dedo durante el resto de su vida por lo que hizo? Y más aún: ¿por decir la verdad? Todos querían la verdad… la confesión, ¿pero no existe acaso la redención? ¿no hay oportunidad de volver a levantarse de tan alta caída? Muchos dicen que es demasiado tarde, pero: ¿en verdad lo es? ¿Acaso lo fue para las personas que fueron apoyadas e incluso motivadas por él y su fundación en la lucha contra el cáncer? ¿Es demasiado tarde para cada uno de nosotros hablar con honestidad, después de vivir con máscaras y personajes ficticios? Ciertamente que no. Nunca es demasiado tarde para hacer las cosas bien. Nunca es demasiado tarde para salir del cáncer moral de la mentira, como tampoco lo es para seguir luchando contra el cáncer físico… Nunca es demasiado tarde:

—“No sé si volvería a ascender —comenta Lance en la última parte de la entrevista en relación a su futuro como deportista y como ser humano—. No sé lo que me espera allá afuera. Yo me he lanzado, pero no sé lo que me va a pasar. Es algo que me hubiera vuelto loco en el pasado, sin embargo lo estoy logrando”.

—“¿Cuál es la moraleja de esta historia?”— pregunta Oprah a Lance Armstrong. Una moraleja para los deportistas puede ser la necesidad de volver a los principios del deporte, como lo propuso el Lic. Eduardo. Moraleja para los medios: hacer su misión, es decir, hablar con objetividad sobre la persona, comprendiendo por qué hizo lo que hizo. Moraleja para las organizaciones deportivas: transmisión de valores éticos que den como prioridad la necesidad de elevar al hombre, no convertirlo en un monstruo. Y ahora: ¿cuál es la moraleja para tantas personas que viven con máscaras en sus vidas, personajes fabricados durante años y años y que todavía no son capaces de decir la verdad? ¿Cuál es la moraleja para tantos que compiten ilícitamente y que no han dado el paso que dio Lance?:

—“Lo mismo que te dijo Kristin en el 2009: la verdad te hará [los hará] libre [s]”

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