La venida de Cristo

Cristo nos presentó el domingo pasado una imagen propia del ambiente mediterráneo: «cuando comienzan a brotar las hojas de la higuera nos damos cuenta que se acerca el verano». Con ella, busca que aprendamos a fijarnos en los signos de nuestra realidad espiritual: de la obra de Dios en nuestra alma.

Se habla de un tiempo de tribulaciones, de oscuridad, de dificultad, de angustia, de sufrimiento… en definitiva, de un tiempo no solo desagradable al gusto sino un tiempo donde caen las seguridades y las referencias que hasta entonces se tenían: «los astros se moverán, las estrellas caerán». El sufrimiento y la dificultad no son el fin sino la señal del inicio de una realidad más bella, como las hojas de la higuera. Es necesario hacer siempre de nuevo la elección de Abrahán y abandonar la tierra presente para salir con firmeza hacia donde Dios nos invita, aunque el tramo parezca incierto y oscuro. Es el anuncio de la sorpresa de Dios, del tiempo del abandono de sí. Dios obra cambiando las cosas y muriendo a nosotros caminamos hacia una vida nueva. Es el abandono total en la dificultad exterior e interior el paso que Cristo nos invita a dar hoy, asegurándonos que veremos venir al Hijo del hombre con todo su esplendor sobre nuestra pobreza y tribulación.

Dios nos quiere dar algo nuevo y permite el cambio de nuestras seguridades. Pongámonos de camino y abramos las puertas del corazón a la “venida intermedia de Jesús”.

 

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