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La única iglesia que ilumina es la que arde

94797996_e0b7757923_oDesde hace algunos días no me puedo sacar de la cabeza estas palabras del ateo pensador ruso Piotr Kropotkin. Y entre más lo pienso, más me convenzo de que tenía razón: la Iglesia sólo es capaz de dar luz si arde en las llamas… Aunque de un modo muy distinto al que se refería.

Sí, el mismo Cristo dijo: “fuego he venido a traer al mundo y qué deseo sino que arda”, sin embargo, no debe consumirse en un violento fuego material, sino en las llamas de la caridad- aún más violento que el primero- porque ésta es una virtud que quema el alma, y a veces también el cuerpo, que no deja indiferente ni a quien la practica ni a quien recibe su acción.

Este es el reto de Cristo al enviarnos por todo el mundo, éste es el ardor de los santos de todos los siglos, esta es la constante invitación del Vicario de Cristo, aquello de “salir a las periferias”, “predicar con el ejemplo”, que alguna vez hemos escuchado y que tanto nos saca de nuestra cómoda pasividad.

Y este fuego de la caridad nace en la Eucaristía, lugar donde se encienden los corazones, pues todo aquél que ha intentado prender una llama en los demás teniendo el corazón frío solamente ha conseguido alejar a sus hermanos de la fuente de calor… el ejemplo de una vida ardiente por Dios es más fuerte que las palabras aunque éstas sean bellas y verdaderas.

Una vez que nuestro corazón arda con la llama del amor divino a través de la oración, podemos lanzarnos al apostolado hecho obras, al testimonio de nuestra fe en la vida diaria, quizá con pequeños detalles como no tener pena de orar en público, saber controlar esos enojos que nos llegan en el día a día, amar y demostrar nuestro amor incluso a aquellos que nos hacen el mal, vivir con coherencia nuestra fe; en definitiva, ser cristianos.

No, no es fácil, pero haz la prueba y verás cómo a pesar de las dificultades tu vida se llena de sentido y una felicidad que el mundo no te podrá arrebatar, pues serás una brasa viva que haga arder incluso a las personas con la vida más fría e ilumine el alma más oscurecida.

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