La santidad es obra del Espíritu Santo (1/2)

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Hay muchas maneras de definir la santidad. El Papa Benedicto XVI utilizó esta frase de san Pablo para explicar qué es ser santo: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20). Esto significa que, según san Pablo, ser santo es tener la vida de Cristo en nosotros. Es compartir la misma vida de Dios. Pero, ¿es esto posible?

No es posible para el hombre. Pero sí para Dios. Él podría, si quisiera, compartir su vida con cada uno de nosotros. Y la buena noticia es que, de hecho, sí quiere. Dios nos hace santos. Por supuesto que necesita nuestra colaboración, pero ésta solo consiste en permitirle trabajar en nosotros.

La santidad es trabajo de Dios. Más específicamente, es la tarea del Espíritu Santo. Por eso se le llama “el Santificador”. Las tres personas de la Trinidad, por supuesto, trabajan juntas, porque son un solo Dios. Pero a los teólogos les gusta dar a cada Persona una tarea o “atribución” específica. Así, se dice que a Dios Padre corresponde la obra de la Creación. A Dios Hijo le atribuyen el trabajo de la redención del hombre. Y la santificación de nuestras almas es el rol que le dan a Dios Espíritu Santo.

¿Qué significa que el Espíritu Santo nos hace santos? Que Él imprime en nosotros la imagen de Cristo. No solo nos hace parecernos a Cristo, o actuar más o menos como actuaba Él; sino que realmente nos transforma en Él. San Pablo dice que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo es el amor que hay entre el Padre y el Hijo. Así, gracias a la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, somos capaces de amar al Padre con el mismo amor con que lo ama Cristo. Y amar a Dios así es ser santos.

Esta santificación del hombre por obra del Espíritu Santo comienza con el bautismo. Desde el momento que nos bautizan, ya tenemos todo lo que necesitamos para ser cristianos santos. El día de nuestro bautismo recibimos las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Y recibimos la gracia santificante, que es la vida de Dios en nosotros. La gracia es como una vida nueva y más alta que se infunde en nuestras almas. Es “gracia” porque es gratuita. Pues, como dijimos, la santidad es algo que rebasa la capacidad ordinaria de nuestra naturaleza humana.

La gracia santificante es solo el inicio de la vida espiritual. En la segunda parte de este artículo veremos cómo es importante protegerla contra los peligros y hacerla crecer. [Parte 2, la siguiente semana]

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