Archivos

La pedagogía de Dios

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo.” (Mt 17,1-9 / II domingo de cuaresma A)

 

Quizá no les gusta a todos, pero la pizza hawaiana ha dejado marca en la historia. Los italianos tradicionalistas dicen que es una herejía. El presidente de Islandia haría una ley para prohibirla, si eso fuera posible. A pesar de toda opinión contraria, sigue siendo un clásico. Pero la pizza que me llamó la atención en estos días va un poco más allá: se trata de una pizza con fresas balsámicas, pollo y tocino. Quizá escuchar esos ingredientes juntos al hablar de una pizza suene extraño… pero resulta que es la segunda receta más popular de un reconocido blog (The Café Sucre Farine), re-publicada y comentada decenas de veces alrededor del mundo.

No voy a describir la pizza, porque no se puede apreciar su sabor sin tenerla entre los dientes. Pero podemos todos reconocer que los platos que mezclan algo de salado y algo dulce suelen tener un especial encanto. No basta mezclar sal y azúcar. Hay que atinarle a las proporciones y a los sabores que se combinan. ¿Quién sabe cómo nos puede gustar tanto mezclar cosas opuestas?

Y la cuaresma… ¿dónde quedó? ¡Ha! Seguro que se venía la pregunta… Quedamos que la cuaresma es un tiempo de oración, sacrificio, conversión, caridad… Entonces, ¿qué hacemos leyendo el Evangelio de la Transfiguración? Cristo nos está mostrando su Gloria. Dios Padre nos revela el amor que profesa por su Hijo. Los apóstoles se sienten ya en el cielo… y nosotros todavía tenemos un mes de cuaresma por delante.

Creo que este es un momento oportuno para hablar de la pedagogía de Dios. Y aquí entra nuestra famosa pizza… porque la pedagogía de Dios se podría calificar como “agridulce”. Él no nos quiere llenar de dolores, penas y tristezas, pero es consciente de que sólo a través de la cruz podremos llegar a la luz. Lo único que Dios quiere es que seamos felices para siempre… y el camino para llegar al oro puro, pasa por el fuego ardiente del crisol. Nuestra vida está llena de tristezas y alegrías: eso es un hecho. Y Dios nos guía por su camino de la misma manera.

Mientras el pueblo de Israel marchaba por el desierto, Dios les daba maná y agua. Mientras esperaban al Mesías, Dios les enviaba a los profetas. Y cuando la sombra de la cruz amenazaba a los apóstoles, Cristo les da una probadita de su Gloria. Por eso, la Iglesia también nos propone este Evangelio en el segundo domingo de cuaresma.

Estamos viviendo un período de penitencia y conversión. Nos estamos preparando para acompañar a Cristo en la cruz. Pero Dios quiere que siempre tengamos presente que Él ya venció a la muerte. Él ya resucitó de los muertos. Él ya reina, a la derecha de su Padre, por los siglos de los siglos. Esta es la pedagogía de Dios: una pedagogía “agridulce”… Él sabe que no nos puede quitar la cruz… pero siempre está a nuestro lado para curar nuestras heridas, darnos fuerza, alentar nuestra esperanza. Él sabe lo que hace… por eso nos dice el Padre: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo“.

 

Foto: Balsamic Strawberry Pizza

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario