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La pascua se parece a…

(Foto: Robert Whitehead)

Aún no hemos entendido qué significa Pascua. Es evidente que 50 días son más que 40, pero a todos se nos hace eterna la Cuaresma y muchas veces ni nos enteramos de que existe un Tiempo Pascual. Si la Pascua dura más que la Cuaresma, será por algo. Ya lo explicó Jesús, justo antes de su pasión: “La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo” (Jn 16,21-22). La pascua se parece a una madre cuando da a luz a su hijo.

Durante nueve meses, dentro de la madre se va formando un nuevo ser humano. Comienza como un par de células. Se multiplican. Toma forma. Crece. Comienza a verse la cabeza, los brazos, los pies, la boca, los ojos. Pero todo esto conlleva un costo para la futura mamá. Tiene que alimentarse bien. Se cansa con mayor facilidad. Le puede doler la espalda. A veces, el pequeñín se emociona y suelta alguna patadita. Pero nuestra heroína, la mamá, todo lo soporta porque ama al hijo que lleva dentro y ya le está preparando todo: la habitación, la cuna, la ropita, el biberón… Eso ha sido la cuaresma: 40 días de preparación alimentando el espíritu, ofreciendo los sufrimientos y sirviendo a los demás.

Y por fin, llegó el día de la fiesta: esta nueva vida ha entrado en el mundo. Cristo resucitó. Mamás: ¿hay una alegría más grande que la de sostener en sus manos a quien han generado en su interior? Los segundos se vuelven minutos, horas, días. Es tan pequeño, tan suave, tan cariñoso, tan sabroso como para comérselo a besos. Parece mentiras, parece un sueño, pero allí están sus manos y sus pies, la boquita, los ojitos aún cerrados, la naricita. Y dentro… tuc-tuc… tuc-tuc… tuc-tuc… un pequeño corazoncito que susurra en el interior: “Te amo”. Celebremos, cantemos, bailemos. Hoy es día de fiesta porque resucitó nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Libertador.

Pero traer una nueva vida al mundo no es una banalidad. Un día se queda corto. Cada año celebramos nuestro cumpleaños: para seguir celebrando y regocijándonos por la vida, por haber venido al mundo y por seguir disfrutando de su hermosura. 50 días de Pascua: cada uno, un “cumpleaños” para saltar de alegría porque Jesucristo, Nuestro Señor, resucitó y nos salvó. Pero ni siquiera 50 días bastan. Cada día, cada año, cada misa que se celebra en esta tierra canta las glorias de Dios porque “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125).

Un día es poco, 50 también, toda una vida y mil vidas seguirán siendo poco tiempo para entender y agradecer lo suficiente el regalo que nos hizo Dios. Pero no es lo que Él nos pide. Vivamos esta Pascua con la alegría de Cristo resucitado. Por eso nos salvó: para que seamos felices, plenamente felices. Sólo si ardemos con esta alegría, la alegría de la resurrección, prenderemos fuego al mundo.

"Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!" (Sal 15,6) Nací en El Salvador. Sólo Dios sabe cómo llegué a la Legión: lo que importa es que ya estoy donde quiero estar. Ahora trabajo en la promoción vocacional en Centroamérica, mientras me acerco cada vez más al sacerdocio.

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