LA OVEJA PERDIDA (Reflexiones Sobre Arte Contemporáneo 2)

3014378731_ddd1161011_bGonzalo Flores, LC

Al escuchar sobre arte contemporáneo algunas personas proyectan en sus mentes líneas amorfas de todos los colores sobre un fondo blanco o visualizan una estatua metálica (que en vez de ocupar un espacio en el museo podría sin problemas hacer de perchero para abrigos). Pero también hay gente que se siente “inclinada” a decir que el arte contemporáneo es excepcional sin entender nada o casi nada.

Para esclarecer un poco la visión y comprensión del arte contemporáneo (sea música o artes plásticas, etc.) habrá que dilucidar algunos elementos: el contexto histórico, las líneas de pensamiento sustentantes, el cambio de lenguaje en el arte, junto con el rol del artista y la intromisión de la economía, con todo lo que esto implica.

Contexto histórico

Si partimos del siglo XX es latente el ambiente generado por sentimientos de inseguridad y pesimismo sociales que se ve reflejado en el arte desde las dos guerras mundiales; también influyen los avances científico-tecnológicos que se produjeron sin olvidar el antagonismo de dos bloques (capitalista y comunista) que lleva a la guerra fría. No podemos olvidar la descolonización y las reivindicaciones de corte social-racial.  Económicamente hablando, en la centuria del novecientos se asientan las bases políticas y socio-económicas surgidas en el siglo XIX.  Finalmente, como clímax de este elenco, podemos colocar la llegada del fenómeno de la globalización.

Líneas de pensamiento sustentantes

A modo de pincelada podemos decir que en este caso afloran el nihilismo y el relativismo. Este último “destruye la necesidad de pensar, si la mente no puede conocer la verdad, y todas las opiniones merecen el mismo respeto, ¿por qué luchar por comprender lo incomprensible?”[1].

Por su parte, el nihilismo muestra su influencia en el arte propiamente desde Duchamp (hijo cultural de Nietzsche). Cuando Nietzsche moría, Duchamp veía la luz como artista: Nietzsche dijo “Dios no existe”, y treinta años después Duchamp diría: “la belleza no existe”. Es precisamente Duhamp el padre de todo el arte contemporáneo. Para él no existe la belleza porque no existe nada trascendental, no hay Dios. Expone un urinario en una sala de exposiciones; lo que trasluce su lucha contra el sentido y contra la creencia de algo que esté más allá.

Cuando desaparece lo trascendental, desaparece el sentido del sufrimiento… Duchamp vivió entre dos guerras mundiales, en un periodo de escepticismo. Si no existe trascendencia alguna, ¿cómo podemos hablar de algo tan absurdo como la belleza?[2] He aquí una de las tónicas de nuestro arte.

Efecto de estas dos líneas de pensamiento es la subjetividad de algunas creaciones artísticas y una visión materialista que desemboca en el ensimismamiento e individualismo  del  artista. Algunas obras rompen la comunicación con el espectador debido a estos fenómenos, además de que se constara que poco a poco el mismo espectador va adormentando la capacidad de reflexión y de contemplación.

El problema que yace en el fondo de esta cuestión es la ruptura del arte con la belleza, que implica también la relativización o la misma negación de la verdad.  Se ha perdido de vista la estrella de lo trascendental; tenemos un arte que se ha mirado así misma, hacia lo efímero, aparente, superficial.

Nuevo lenguaje

Ahora bien, ¿Cómo encontramos reflejado esto en el arte? la doctora en arte contemporáneo Nicol Forti explica que la imagen a partir de 1900 se caracteriza por la fuerza, poder atractivo e influencia, sumado al cambio de expresión desde el arte de vanguardias, ya que “no se centra tanto representar una belleza estética, sino que está al servicio de la expresión del intelecto, de los sentimientos, ideas y emociones”[3].

 Es un arte profundo -está lleno de ideas y sentimientos, no de belleza estética-.

Añade que la imagen del siglo XX se caracteriza por: 1) Opacidad: posee densidad de significado y contenido, atraviesa culturas y tiempos; 2) Gesto: se refleja la intención del artista (en algunos casos es inteligible tanto para él mismo como para el espectador); 3) Signo: contenido complejo (interior y exterior) debido a la expresión de ideas, sentimientos y emociones; 4) Tradición: se tiene conciencia histórica y técnica, habilidad en el diseño y dependencia de los clásicos[4].

De la mano de estos elementos se presenta el problema de la subjetividad del arte; ya que el artista ha comenzado un camino de subjetividad en sus obras que rompen con la comunicación con el público. La realidad, las cosas, la naturaleza no se representan como son, sino como parece.

He aquí los frutos del relativismo. He aquí el problema que ha de afrontar la crítica del arte, pues ¿Cómo se analizará una obra sin caer en lo subjetivo, relativo o en lo meramente simplón?

El rol del artista

 Para hablar de artistas la mejor referencia es un artista mismo, por eso cito parte de una entrevista realizada al pintor español David López. Él comenta que hay tres niveles en la creación artística, dice:

“Los artistas traducimos la relación que hay en la materia en formas y colores; eso es un cuadro. Y ese cuadro tiene que ser bello en su relación de materias, sea una Virgen, un burro, o no sea nada. Este es el primer nivel del arte.

En mi caso, además, me interesa darle un contenido, y este sería un segundo nivel. Esas formas que tienen que “funcionar” entre sí y ser bellas, además tienen que tener un contenido. Porque el arte no es sólo relación entre materias, sino que es relación entre personas, es comunicación.

Este es otro aspecto que la postmodernidad ha quebrantado, al exaltar el individualismo. Muchos artistas, si les preguntas el significado de su obra, niegan que lo tenga, sino que pintan para sí mismos, se cierran al diálogo, “no quieren decir nada”.

Hay un tercer nivel del arte, y es el de relación espiritual. El arte siempre ha sido espiritual, ha expresado relación con lo divino, lo que no hay que confundir con el arte propiamente sacro.

Desde Altamira hasta el siglo XX, el arte siempre ha expresado lo espiritual; es precisamente en el siglo XX cuando aparece, por primera vez en la historia, la sociedad “atea”.

Siempre ha habido personas no creyentes, pero éste nunca había sido un planteamiento de la propia sociedad. El arte, como dijo Juan Pablo II a los artistas, es “nostalgia de Dios”.[5]

[1] Cf. DE MARCO, Hacer frente al Relativismo y al desafío de la Verdad. E.U: Consejo Supremo de Caballeros de Colón, 2011.

[2] Cf. I. ÁLVAREZ. Es posible hablar sobre belleza con el arte actual. Entrevista al pintor español de arte contemporáneo David López, 28 de julio de 2011. En www.zenit.org

[3] Cf. N. FORTI, Trigésima Primera Cátedra de Arte Sacro: Futuro del Arte Sacro, Teatro Udem, Monterrey, 9 de septiembre de 2013.

[4] Cf. N. FORTI, Trigésima Primera Cátedra de Arte Sacro: Futuro del Arte Sacro…

[5] Cf. ÁLVAREZ INMA. Es posible hablar sobre belleza con el arte actual…

Previous post
Into His Kingdom
Next post
Success

1 Comment

  1. 28 noviembre, 2014 at 15:37 — Responder

    Quizá parezca algo extrema la mentalidad del artista al no querer nada con la sociedad pero detrás está un temor a ser utilizado y perder en un uso manipulable los ideales que afloran en sus obras. En este caso hay que defender al artista

Deja un comentario

Back
SHARE

LA OVEJA PERDIDA (Reflexiones Sobre Arte Contemporáneo 2)