La leyenda de Excálibur y otros relatos de terror

Ya decía Valle Inclán que el único género adecuado para describir la realidad española es del esperpento. Esperpento que en este caso se nos presenta en un díptico grotesco, de tragicomedia, al estilo de los cuadros del Bosco.

A la izquierda del cuadro, el protagonista indiscutible de la actualidad de las últimas jornadas: Excálibur, el perro finalmente sacrificado por miedo al contagio del ébola. Un animal elevado a la categoría de mártir de la perversidad humana, que ha originado una serie de episodios en los que la realidad supera la ficción. Manifestaciones, cientos de miles de firmas intercediendo por él a través de plataformas cibernéticas, trending topic en twitter (#SalvemosaExcalibur), repercusión mediática internacional…decenas de antidisturbios rodeando su vivienda…cuando finalmente el ejército de policías y bomberos acude al lugar a llevarse a nuestro amigo, una batalla campal digna de los cómics de Astérix y Obélix, con ambulancias recogiendo a los heridos y todo. Vamos, que sólo nos faltaba un funeral de estado en el Bernabéu, con multitudes con velas cantando “like a candle in the wind”, y puestecillos vendiendo camisetas rojas con la efigie de Excálibur.

Añado a renglón seguido que me sabe fatal por Teresa y Javier, que indudablemente tenían cariño a su mascota y les duele su pérdida. Muy comprensible, muy humano, y muy de respetar. No va por ellos mi reflexión. Tampoco soy quien ni tengo los conocimientos para juzgar si el la mascota suponía realmente una amenaza para la sociedad. Doctores tiene la Iglesia, o, para el caso, la Sanidad pública. Ellos juzgarán, y acertarán (o no). No pretendo por lo tanto juzgar ni a los dueños del animal, ni a los fervorosos activistas que han defendido su vida. Mi análisis quisiera ir más allá. Quisiera penetrar en las razones de fondo que permiten que el sacrificio de un perro, realizado en pro de la prudencia y del sentido común, movilice tal ingente cantidad de famosos, personas y personajes varios en una sorprendente cruzada mediática…. mientras que, en trágico contraste, al español medio no le indigesta el desayuno el pensar que están muriendo 300 españoles al día a causa del aborto, en un suma y sigue que alcanza ya la cifra de casi 2 millones de muertos. Ríete tú de la guerra civil. Y allí entra precisamente la segunda parte de nuestro siniestro díptico, la retirada de la ley del aborto, por parte del PP, en un cínico ejercicio de calculismo electoral.

Captados juntos, de un solo golpe de vista,  dan la impresión de ser un exponente interesante de la preocupante tendencia actual a personalizar los animales y despersonalizar a los humanos. Impresión que se acrecienta cuando uno lee que la pareja madrileña defendía la vida de su mascota argumentando que “somos una familia de tres”. Me explico. Algo que ha forjado la civilización occidental a lo largo de la Historia, como fruto maduro de la interacción del legado clásico, el cristianismo y el pensamiento moderno, ha sido precisamente el principio, la convicción, la idea madre, la certeza de que los seres humanos no somos sólo una especie animal más en el escenario del mundo. Y para diferenciarlos de los demás animales, ha acuñado el término de personas, que supone seres inteligentes y libres, hijos de Dios e imagen suya- para la visión creyente- y por todo ello únicos y dotados de una dignidad infinita; seres que son siempre un fin y nunca un medio, nunca utilizables como meros objetos. Sólo con estos presupuestos culturales resultan comprensibles las declaraciones de derechos humanos, que no pretenden ser una graciosa concesión de los estados a sus ciudadanos, sino un reconocer un derecho que les compete por naturaleza.

Este principio, que parecemos dar por supuesto, resulta no serlo tanto si atendemos a las visiones nacidas de otras cosmovisiones : pensemos en la división en castas de la sociedad india, o en las dificultades que ha encontrado históricamente la abolición de la esclavitud. Pero tampoco hoy en día se puede dar por supuesta: encontramos negaciones teóricas en el animalismo de Peter Singer, por ejemplo, que acusa a los seres humanos de practicar una discriminación “especista” contra los animales, y que fue secundada en el Congreso por el PSOE de Zapatero en una proposición  no de ley que pedía el reconocimiento del derecho a la vida, a la libertad y a no ser torturados a todos los grandes simios. Y también se pueden encontrar demostraciones prácticas, como la que aquí nos ocupa: montamos este cirio por el sacrificio de un perrito, lamentable sin duda alguna, pero por otra parte nos deja indiferentes el derecho a la vida de cientos de miles de seres humanos que no tienen la suerte de ser capaces de despertar todavía nuestros sentimientos, porque no los vemos. El perro sí, qué suerte por él….

Concluyo recordando, como decía Ortega y Gasset Ortega, que hay ideas que no suponen una opinión aislada, sino que suponen la base del entero edificio de una civilización. Si se pierde la fe en ellas, el cambio no resulta tan inofensivo como la sustitución de un jugador de fútbol por otro, a mediados de la segunda parte de un partido de liga. Supone, muy al contrario, el resquebrajamiento de muchos valores, principios y libertades que de ellas dependen, y el peligro de que Occidente se dé cuenta de golpe de que no hace pie, de que no tiene ninguna base sobre la que sostener sus democracias y sus derechos. Mucho ojo. El tigre, como decía Ortega, será siempre un tigre, mientras que el hombre siempre corre el peligro de deshumanizarse. Cada generación debe librar su propia batalla por la verdad, el bien y la libertad en su tiempo y sociedad. Mucho ojo.

P.D.: Por cierto, ha hecho furor en twitter el eslogan de que “una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”, original según esto de nuestro amigo Gandhi. Aprovecho para recordar al amable lector que la Alemania nazi fue pionera en la introducción de leyes ecologistas, combinando así un conmovedor amor por los animales con un despiadado desprecio por enteras categorías de seres humanos. Y dicen sus biógrafos que Hitler no permitía que se fumara en presencia de su perra, y que afirmaba que en el nuevo Reich no debía haber cabida para la crueldad con los animales. Ironías de la Historia. Buenas noches y hasta la próxima…

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2 Comments

  1. rafaeldiazriera@gmail.com'
    Rafael
    15 octubre, 2014 at 08:17 — Responder

    Efectivamente, una civilización que trata a los animales mejor que a las personas, es una sociedad animalizante, que tiene como objeto de ideal moral y afectivo una bestia -no satisfecha, sino mimada. Con esto no defiendo el mal trato animal, nuestra superioridad intelectual, decía C. S. Lewis, sobre los animales también se debe manifestar en la compasión con que los tratamos.

  2. Tere@gmail.com'
    Tere
    24 diciembre, 2014 at 06:51 — Responder

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