La fuente de la verdadera alegría

Un hombre pobre, destruido y perdido en la miseria es capaz de dar una sonrisa. Los que más nos puede sorprender es que no una sonrisa forzada o superficial, sino aquella que se escapa con naturalidad. Es fácil identificar cuando no son simples carcajadas ¿Cómo se podría explicar esta alegría en medio de la miseria? Y de  la misma forma nos podemos preguntar ¿Cómo se puede entender la alegría de algún millonario, sin que éste fundamente su alegría en sus bienes materiales?

Por encima de toda situación concreta, toda persona es capaz de encontrar las fuerzas para sonreír honestamente y vivir con auténtica alegría. Sea rico o pobre; inteligente o sencillo; sea de este lugar o de aquel; sea como fuese, todos pueden experimentar el sentido de la vida, el gozo, la entrega… Todos pueden recibir el alimento que, dona las fuerzas que sacian nuestras necesidades más profundas.

Todos tienen la oportunidad de confiar en la debilidad con la esperanza de recibir una ayuda que se convierte en compañía. Todos tenemos momentos difíciles en donde verdaderamente se experimenta la impotencia y la incapacidad de nuestras fuerzas humanas. Encontramos nuestros límites, pero al mismo tiempo encontramos la oportunidad de confiar y purificar la intención con la cual obramos.

Hay algo que alimenta esta alegría. Una fuente. Este alimento debería ser capaz de alcanzar todas las realidades humanas. Este es pan de vida que tenemos como don desinteresado. El pan bajado del cielo se nos presenta como esperanza que alcanza cualquier realidad. Éste es el pan que se nos da como verdadera comida, pues nos trasmite lo que verdaderamente necesitamos.

Aunque estemos cansados, en problemas o simplemente no podamos encontrar un sentido a lo que nos sucede, es necesario encontrar las fuerzas que se fundamenta en aquello que sobrepasa nuestra humanidad.

Cuando tomamos la Eucaristía, formamos parte de la eterna alegría de Dios. De esta forma, todo hombre puede encontrar una razón para sonreír, pues solo así se comprende que la fuente de toda fuerza se sostiene en la Verdadera Felicidad. Al recibir la Eucaristía tendremos la experiencia de recibir un don des-interesadamente. Así, podremos hacer de nuestra vida una entrega desinteresada imitando lo que Cristo ha hecho. Él confía en nosotros, solo necesita que nosotros confiemos en Él y que le demos una sonrisa.

Así, un hombre puede sonreír, pues su fuente de felicidad es la Felicidad.

 

Photo by Aman Shrivastava on Unsplash

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